Hijos y nietos del exilio republicano
 
 

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Me llamo Alicia Vázquez Fernández, aunque en casa mi padre me llamó siempre Mirna y así me llaman aún  la familia y algunos de mis amigos. Nací en Orán, Argelia, hace 66 años,  a consecuencia del exilio político español del 39.

Orán, para mí, es la ciudad de la luz, de los olores y sobre todo de la mar, es la ciudad de mi primer encuentro con la lengua francesa que se convertiría en mi lengua cultural y en mi vínculo de trabajo, me jubilé siendo maestra del liceo francés de Valencia, España.

 

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Sin embargo, como lo comento algunas veces me considero “ciudadana del mundo”: las circunstancias de mi vida me llevaron, más tarde, a vivir en Montpellier (Francia), Ginebra (Suiza) y por fin en Valencia (España) donde mi marido, José Luis, y yo echamos raíces hace 34 años y donde tenemos ya 5 nietos nativos, uno de ellos, estudiante universitario en octubre próximo. En mi recorrido no puedo dejar de nombrar a Asturias y concretamente a Gijón, de donde escribo estas líneas con el  querido graznar de las gaviotas como música de fondo y donde José Luis y yo alargamos cada vez más nuestras vacaciones estivales al borde del Cantábrico. ¡Cantábrico, Mediterráneo, siempre la mar y el recuerdo de mi padre!

Mi padre, Manuel Alfonso Vázquez García nació en el año 1912 en Avilés, Asturias aunque parte de su infancia y juventud la pasó en Tudela Veguín, cerca de Oviedo,  donde mis abuelos Faustino y Herminia se fueron a vivir con sus 5 hijos por razones de trabajo.

Siempre le oí contar a mi padre que gracias a los avances sociales que la República puso en marcha en España, él pudo ingresar en la escuela de suboficiales de la marina en Cádiz y  dar varias veces la vuelta al mundo en el Juan Sebastián El Cano antes de que estallara la guerra. Siendo radiotelegrafista, la contienda la pasó en Cartagena de donde partió la flota en marzo del 39 hacia Bizerta donde con miles de marinos republicanos fueron a parar en campos de concentración.

Después de dos intentos de huida del campo de concentración, mi padre y su gran amigo, Paco Díaz lograron llegar hasta Orán, Argelia y ahí conoció a mi madre, Alicia Fernández, también asturiana de la cuenca minera y más concretamente de Pola de Laviana. Mi madre, ella, era fruto del exilio económico. Con 14 años ya se embarcó junto con un hermano, eran 10 hermanos en casa y mi abuela viuda, hacia Cuba donde ya residían uno tíos suyos. Allí pasó su juventud trabajando como camarera en el hotel Internacional de la Habana. Al volver a España no pudo regresar a Cuba y se marchó con una familia a trabajar a Orán.

El conocer a mi madre no impidió a  mi padre  que fuese internado nuevamente en otro campo de concentración, esta vez en el Sahara argelino, en Colomb Bechar donde los exiliados españoles fueron montando la línea del ferrocarril transahariano.
Mi padre se instaló definitivamente en Orán donde yo nací, crecí y más tarde también me case con José Luis, un asturiano que estudió medicina en Salamanca. A José Luis creo que se le puede considerar de un tercer tipo de exilio, el exilio intelectual, fruto de esa opresión que sufrían, consciente o inconscientemente, esos jóvenes españoles educados en la dictadura franquista.

De esa amalgama de exilios se formó mi familia.  José Luis y yo tuvimos 3 hijas. Las 2 primeras, Sofía y Carolina nacieron en Orán, la tercera, Elena en Ginebra y como dije en un principio de este relato, ya con las libertades restablecidas en España, nos instalamos en Valencia donde nacieron nuestros 5 nietos, bastante alejados de los entramados de los exilios pero de los que no hay que olvidarse para que nos sirva de lección política, social y por encima de todo HUMANA.

Por eso doy las gracias a las personas que se esfuerzan por recopilar éstas, nuestras vidas.

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El meu nom és Alicia Vázquez Fernández, encara que a casa el meu pare em va cridar sempre Mirna i així em criden encara la família i alguns dels meus amics. Vaig néixer a Orán, Algèria, fa 66 anys, a conseqüència de l'exili polític espanyol del 39.

Orán, per a mi, és la ciutat de la llum, de les olors i sobretot de la mar, és la ciutat de la meva primera trobada amb la llengua francesa que es convertiria en la meva llengua cultural i en el meu vincle de feina, em vaig jubilar sent mestra del liceu francès de València, Espanya..

Tanmateix, com ho comento algunes vegades em considero "ciutadana del món": les circumstàncies de la meva vida em van portar, més tard, a viure a Montpellier (França), Ginebra (Suïssa) i per fi a València (Espanya) on el meu marit, José Luis, i jo llancem arrels fa 34 anys i on tenim ja 5 néts natius, un d'ells, estudiant universitari l'octubre pròxim. Al meu recorregut no puc deixar de nomenar a Astúries i concretament a Gijón, d'on escric aquestes línies amb el volgut grallar de les gavines com a música de fons i on José Luis i jo allarguem cada vegada més nostres vacances estivals al caire del Cantàbric. Cantàbric, la Mediterrània, sempre la mar i el record del meu pare!

El meu pare, Manuel Alfonso Vázquez García va néixer l'any 1912 en Avilès, Astúries encara que parteix de la seva infantesa i joventut la va passar en Tudela Veguín, a prop d'Oviedo, on els meus avis Faustino i Herminia se'n van anar a viure amb els seus 5 fills per raons de treball.

Sempre el vaig sentir explicar al meu pare que gràcies als avenços socials que la República va posar en marxa a Espanya, ell va poder ingressar a l'escola de sotsoficials de la marina a Cadis i donar diverses vegades la volta al món en el Juan Sebastián El Cano abans que esclatés la guerra. Sent radiotelegrafista, la contesa la va passar a Cartagena d'on va partir la flota el març del 39 cap a Bizerta on amb milers de marins republicans van anar a parar en camps de concentració.

Després de dos intents de fugida del camp de concentració, el meu pare i el seu gran amic, Paco Díaz van aconseguir arribar fins a Orán, Algèria i allà va conèixer la meva mare, Alicia Fernández, també asturiana de la conca minera i més concretament de Pola de Laviana. La meva mare, ella, era fruit de l'exili econòmic. Amb 14 anys ja es va embarcar junt amb un germà, eren 10 germans a casa i la meva àvia vídua, cap a Cuba on ja residien un oncles seus. Allà va passar la seva joventut treballant com a cambrera en l'hotel Internacional de l'Havana. En tornar a Espanya no va poder tornar a Cuba i va marxar amb una família a treballar Orán.

El conèixer la meva mare no va impedir al meu pare que fos internat novament en un altre camp de concentració, aquesta vegada en el Sahara algerià, a Colomb Bechar on els exiliats espanyols van anar muntant la línia del ferrocarril transsaharià.

El meu pare es va instal·lar definitivament a Orán on jo vaig néixer, vaig créixer i més tard també em vaig casar  amb José Luis, un asturià que va estudiar medecina a Salamanca. A José Luis crec que se'l pot considerar d'un tercer tipus d'exili, l'exili intel·lectual, fruit d'aquesta opressió que sofrien, conscientment o inconscientment, aquests joves espanyols educats en la dictadura franquista.

D'aquesta amalgama d'exilis es va formar la meva família. José Luis i jo vam tenir 3 filles. Les 2 primeres, Sofia i Carolina van néixer a Orán, la tercera, Elena en Ginebra i com vaig dir al principi d'aquest relat, ja amb les llibertats restablertes a Espanya, ens instal·lem a València on van néixer nostres 5 néts, bastant allunyats dels entramats dels exilis però dels que un no s'han d'oblidar perquè ens serveixi de lliçó política, social i per damunt de tot HUMANA.

Per això dono les gràcies a les persones que s'esforcen per recopilar aquestes, les nostres vides.

Entrevista

Hola Alicia, nos puedes dar tu nombre, el nombre de tus padres y tu lugar de nacimiento.

Hola, soy Alicia Vázquez, nací en Orán en 1944, soy hija de un marino exiliado de la República, mi padre se llamaba Manuel Alfonso Vázquez y mi madre María Alicia Fernández Suárez, los dos son asturianos de origen.

¿Tienes idea de cómo fue su papel en la guerra, y el de tus abuelos y cómo salen de España?

Bueno yo nací después de la guerra, nací en el exilio.

Sí, pero la historia de tus padres, ¿la conoces?

Sí, el exiliado político es mi padre, mi madre había llegado a Orán primero, mi madre era una exiliada por razones económicas. Mi madre marchó muy joven a Cuba, con 14 años.

Sus abuelos paternos

¿Con sus padres?

No, con un hermano, a casa de unos tíos, fue una precursora del exilio económico.

Tus padres se habían quedado.

Sus padres se habían quedado en Asturias, ella también es asturiana, es de la cuenca minera, de Pola de Laviana, era de una familia de 10 hermanos, su padre murió cuando ellos eran aún jovencitos, él era minero y seguramente por agobios económicos y al tener familia en Cuba pues la mandaron. Quizás mi madre era la más lanzada de las hermanas, porque no sé por qué es ella la que marchó junto con otro hermano. Ella tenía 14,15 años. Luego volvió a España y su intención era volverse a marchar a Cuba, pero por problemas no pudo marchar y se fue a Orán con una familia a cuidar niños.

¿También se va sola?

Sí sola, ya había pasado por lo menos 14 años en Cuba, de hecho Cuba para ella era… se murió hablando de Cuba, Cuba para ella fue lo que más la marcó.

Marchó a Orán y estuvo allí. Entonces cuando la guerra estalló en España ella ya estaba en Orán, de hecho ella reclamó a dos sobrinas, dos primas mías que estaban en Asturias. Cuando empezaron a evacuar niños mi madre las reclamó. Una de mis primas falleció hace unos años, vivía en Montpellier y para mí era como una hermana porque es una de las niñas que reclamó mi madre.

Su madre

¿Cuando tu madre se va a Orán, ella ya tenía la idea de ir a cuidar a los niños?

Sí, sí, yo creo si mal no recuerdo, que ella en Barcelona tuvo contacto con una familia muy conocida en Cuba  y estaba atendiendo a esos niños y es por el intermedio de ellos que le buscaron otra familia con la que marchó a Orán.

Entonces, cuando estalla la guerra, ella ya está en Orán y cuando llega el exilio, claro, así conoce a mi padre, siendo asturiano. Hay un amigo suyo, (en unas memorias inéditas de su amigo) que dice “que claro, que mi padre tuvo el privilegio de ser acogido por mi madre por ser asturiano”.

¿Cuál es la historia de tu padre?

Pues mi padre embarcó, era marino, mi padre como te dije era también asturiano, de Avilés, luego la familia de Avilés se pasó a vivir a la cuenca minera, a Tudela Veguín. Y él, como siempre me dijo, tuvo la suerte, y es por eso que está agradecido también a la República: de que la República española hizo mucho por la cultura y por la educación y abrió las puertas a personas que no hubiesen podido nunca entrar en la escuela de marinos que había.

La Escuela Naval era una escuela elitista, según me contó siempre mi padre, pero abrieron las puertas, la República abrió las puertas a chavales con ganas de estudiar. Y mi padre entró, estuvo en la escuela de sub oficiales, hizo, como él dice siempre, tuvo el privilegio de dar tres veces la vuelta al mundo con el Juan Sebastián Elcano, era timonel entonces.

De hecho, hace muy pocos años en Gijón estuvo el Juan Sebastián Elcano y mi padre con ya 90 años pudo subir al barco, le dejaron pasar además con privilegio y se puso al frente del timón como en sus años jóvenes de 18 o 20 años.

Su padre (primero a la izquierda) en una escala en Washington

¿Él estudia en la escuela?

Sí, en la escuela, con especialidad de radiotelegrafista, durante la guerra es radiotelegrafista en la marina. Él pasa la mayor parte de la guerra en Cartagena con la flota.

¿Los padres se quedan?

Los padres se quedan en Asturias, sí. Él ya ha salido de casa y lo que sí, durante la guerra en Cartagena, está con otro hermano, que está casado, de hecho el hermano tiene una niña, mi prima y su padrino fue mi padre.

La flota llega a Bizerta, por lo que me cuentan, la marinería -la tropa-, desembarca y los barcos los devuelven a la España de Franco.

¿Inmediatamente?

Sí, los desembarcaron, bueno no sé si inmediatamente o igual al día siguiente, una semana o un mes, pero los barcos los devolvieron todos a la España franquista y la flota, la marinería, se fue a los campos de concentración de Bizerta.

Mi padre tenía un gran amigo que se llamaba Francisco Díaz, que hizo la escuela con él y era muy buen cantante también, era tenor y se escaparon del campo de concentración, se escaparon dos veces. Una vez los cogieron, se escaparon una segunda vez y la segunda vez lograron llegar hasta Orán. Lo que pasa es que luego en Orán volvieron a mandarlos a los campos de concentración, esta vez en el sur de Argelia, en Bou-Arfa, y en Colomb Bechar. Ellos de hecho, toda esta gente del exilio, son los que hacen el famoso transahariano.

¿Tu papá estuvo ahí?

Sí, mi papá estuvo en las líneas de Bou-Arfa, en los campos de concentración, trazando las líneas de ferrocarril. De todos modos esta gente no perdía su humor, porque he visto fotos de mi padre sobre los rieles y hacía como bromas sobre si el tren pasaba, o no sé qué, pero tenían aún el valor de bromear a pesar de la situación tremenda.

El campo de Bou Arfa y la construcción del ferrocarril

¿Cuándo sale tu papá del campo de concentración y cuándo llega a Orán?

Bueno entretanto, mi padre cuando ya se escapó la segunda vez del campo de concentración de Bizerta, llega a Orán y es cuando conoce a mi madre. De hecho, están juntos y luego lo vuelven a meter en el campo de concentración. Yo creo que toda esta gente fue liberada cuando entran los americanos, en el 43, … antes, antes de la llegada de los americanos. Sí, lo estaba pensando porque yo nazco en el 44.

¿Eres hija única?

Sí, soy hija única, porque mis padres tuvieron otra hija antes que llevaba además los mismos nombres que yo y la nena murió estando mi padre en el campo de concentración, bueno murió de una enfermedad que había entonces que se llamaba creo el “cup” o el “grup”, no sé, y yo seguí luego siendo hija única.

Alicia con unos meses

¿Cuándo se junta tu padre con tu madre? ¿Se juntan en Orán?

Luego cuando vuelve a salir ya la tercera vez de los campos de concentración de Bou-Arfa, ya vuelve con mi madre a Oran, sí.

¿Y en ese momento a qué se dedica tu padre o de qué vive?

Bueno, mi padre habiendo sido radiotelegrafista, se dedicó a técnico de televisión, empezó a arreglar radios, a montar radios y luego pues tuvo un pequeño comercio. Más que a vender radios, a arreglarlos en un principio, luego cuando llegó, muchos años después, la televisión, pues también era técnico en televisión y entonces ahí ya tenía un comercio de venta, pero sobre todo arreglando radios y televisiones.

¿Y tu mamá trabajaba?

No, mi mamá dejó de trabajar. Tenía bastante con cuidarme a mí, no es que fuese yo traviesa, pienso que no, pero la experiencia de mamá con la muerte de su primera hija fue bastante pésima y no fui una niña mimada por ser hija única, sino una niña muy sobreprotegida, no sé si para bien o para mal.

¿Tú sabes o has escuchado si en algún momento tus padres tenían la idea de volver a España?

Yo creo que si entrevistas a otros niños, por lo menos del exilio de Orán, -porque es una frase que he oído mucho en muchas personas y nos hace gracia, es lo más repetitivo que tenemos-, mi padre nunca se quiso hacer francés, de hecho yo adquirí la nacionalidad francesa ya con 10 años, en el momento de entrar al Liceo, porque la frase repetitiva de todos ellos era: “el año que viene volvemos”, contando que desapareciera Franco. Y yo creo que para desgracia de muchos, Franco murió tranquilamente en su cama y el sueño de algunos, (bueno mi padre volvió un poco más tarde), pero el sueño de algunos… Mi mamá falleció antes de que falleciera Franco y aunque ella no era del exilio, era quizá más revolucionaria (si puedo decirlo de alguna manera) que mi padre.

Se le pegó lo de Cuba.

Sí, yo creo que el hecho de haber salido joven a trabajar y todo, la más revolucionaria de la casa era mi madre, mi padre era más reflexivo, además como coqueteó también con la francmasonería, pues creo que era más calmo.

Pero sí pensaban siempre en volver, yo de hecho no conocía a mis abuelos maternos, mi abuelo materno ya había muerto hacía mucho tiempo, pero mi abuela materna vivía cuando yo era pequeña y no la conocí, ni conocí a mi abuelo paterno. Sólo conocí a mi abuela paterna porque la primera vez que yo puse los pies en España tenía a 14, 15 años. Y sobre todo fue por la voluntad de mi madre que dijo “esta niña tiene que conocer a sus abuelos, a la abuela que le queda”. De hecho creo que dos años después, estando yo un verano en casa de mi abuela, falleció. Pero sí, el lema de “volveremos al año siguiente”, no se le quitó, yo creo que a nadie.

¿En tu casa se juntaba gente republicana de costumbre? ¿Tenían algún centro donde tus padres se juntaban con gente del exilio?

Sí bueno yo recuerdo mucho, dos cosas importantes: un amigo de mi padre, un marino también, Víctor Santelesforo, que tocaba la guitarra además y venía mucho por casa.

Mi madre recibía mucha gente, teníamos un piso pequeño pero me acuerdo de ver mucha gente del exilio, y en particular ese amigo que digo de mi padre: Víctor Santelesforo, un marino gallego, que yo creo que veía en mí a la hija que él tenía desgraciadamente en Galicia. Que hoy día esta chica vive me parece que en Toulouse. Y que la conoció ya de mayor, volvió a verla mayorcita.

Quiero hacer hincapié ahí, pensando en este hombre, en el problema que ha supuesto para la gente, los hombres del exilio casados, cuya familia se quedó en el interior de España, ha sido un problema grande, porque además había órdenes de ciertos partidos de no poner los pies en el consulado español, que era para ellos el consulado franquista. Y la única manera de reclamar a la familia era pasando por el consulado. Y ha sido yo creo que dramático, (no ha sido el caso de mis padres puesto que se conocieron en Orán), pero sí el caso de muchas familias en el que la familia: la mujer y los hijos se quedaron en España y los maridos estaban exiliados fuera.

Recuerdo pensando en Víctor, porque por eso yo creo que el contacto, aparte de que tocaba la guitarra y cantaba, yo pienso que para Víctor yo era un poco la hija que le faltó. Este hombre reclamó a su familia años después, pero para su desgracia, creo que a los 9, 10 meses de tener ya a la mujer y a la hija con ellos, (y la hija entonces ya tendría como unos 12, 14 años), a los pocos meses falleció Víctor de un ataque al corazón. Y entonces otra peripecia nueva para esa mujer, recién llegada de España, con una hija y encontrarse...  En una época pues que no había ni jubilación, ni nada, fue una nueva epopeya.

Sí que nos veíamos con españoles, con exiliados y además al ser yo hija única, el recuerdo muy dulce, muy tierno de mi infancia es de unos vecinos que yo tenía, que eran extremeños, los dos eran exiliados, la mujer había estado en la cárcel en Orán con una niña que tiene cuatro años más que yo, una niña que le raparon el pelo por evitar contagios y el niño tenía seis meses menos que yo. A mí me encantaba ir a casa de esa familia porque tenía a mis padres siendo del norte, ellos tenían hábitos del sur, se comía sandía en su casa, en mi casa no se comía sandía, había que comer melón, no sé por qué.

Entonces también éstos son recuerdos entrañables que tengo y lo que más siento es que creo que están en París y no hay manera de que los vea. Recuerdo en particular a la madre, una señora tranquila y el niño, su hijo Paquito y yo nos peleábamos mucho, y tenía una frase maravillosa la madre que me encantaba que decía “esos jodidos niños” y yo encontraba eso maravilloso.

Otra cosa que quiero resaltar es que quizá yo he sido consciente muy de mayor, pero que el exilio a nosotros, hijos del exilio, por lo menos yo lo he querido así, nos ha permitido tener una cultura muy rica, y yo me di cuenta años después, justamente hablando de que en mi casa, el mundo, la gente que pasaba, que corría.

Había un bar en la esquina, un bar donde los domingos se reunían, acudían mucho los españoles. No te sabré decir ni en nombre del bar ni nada, pero acudían, había pintores, ahí conocí, mon dieu, ahí conocí a Orlando Pelayo, un célebre pintor asturiano, que parece que murió hace unos años.

Y mis padres siempre me han contado también que hay un escritor, cuyo nombre no lo sé, no lo recuerdo, -cuando uno es pequeño no haces caso a tus padres, luego lo sientes-, que dicen que escribió, (se marchó luego creo que a México), dicen que en una de sus novelas habla de una niña y que esa niña soy yo. Pero bueno eso me quedará siempre como un punto de interrogación.

Insisto en que toda esa cultura, todo ese mundo, toda esa inquietud literaria, cultural, de pintura y de zarzuela, yo la zarzuela la conocí en Orán, con todas las obras que montaban ciertos exiliados. Había entre los exiliados algún tenor y montaron, de hecho, luego más tarde se formó un centro cultural, a partir de ciertas personas que insistieron mucho en ello.

Cuando empiezas a ir a la escuela, ¿a qué escuela vas?

Bueno yo empiezo a hacer la escuela, -Orán entonces es una colonia francesa- y bueno la escuela era francesa. Entonces yo entro con cinco años, mi primer año lo hago en una escuela y luego no sé si por situación de proximidad del barrio, me cambian de escuela, a una escuela que está en la calle principal, y es la École Jules Renard, ahí curso todos los años de primaria.

Teníamos la escuela de chicas y la de chicos, sólo fui con chicas. Eran escuelas laicas, eran escuelas progresistas si quieres, porque me acuerdo, yo soy zurda, mi padre es un zurdo contrariado y me acuerdo de una anécdota, (no es que me acuerde, es que me la habrán contado miles de veces): Cuando entré la primera vez en la escuela, -hace un montón de años, la friolera de 61 años para ser precisa-, mi madre fue y dijo: “mi hija es zurda pero si quieren (que cambie)…” . Y la maestra se opuso, dijo que no, que ellos tenían instrucciones precisas de no contrariar a un zurdo, entonces me salvé de ser contrariada y para mi orgullo tengo una escritura bastante bonita, no tuve problemas.

Luego pasé al Liceo, hice todos los cursos en lo que se llamó, -cambió mucho de nombre mi Liceo-, se llamó en un principio Le Lycée moderne de Jeune fille, luego le Lycée Max Marchand, que no entiendo por qué le cambiaron el nombre últimamente, después de la independencia, a este Liceo, porque Max Marchand fue un inspector francés que luchó cerca de los argelinos, con los argelinos. Me ha parecido -y no me da vergüenza decirlo aquí-, una falta de tacto, de las autoridades actuales de Argelia, de no reconocer o de quitar el nombre de un francés, un inspector que había luchado bastante con ellos, pero bueno no entro en más detalles.

Su primer año en la escuela

¿Los amigos que tenías cuando ibas a la escuela eran exiliados o tenías también amigos argelinos de otras partes?

Mis amigas de mi infancia, las que me trataba a diario, no son hijas del exilio, son compañeras de clase y yo no sé si son las circunstancias de la vida o qué, al ser hija única, mis dos mejores amigas de infancia, de la escuela, son dos hijas únicas. Una es una francesa, de familia francesa, la otra es también francesa, de madre bretona y padre judío, judío de Argelia, judío francés. Entonces ese lado es también lo que después yo aprecié muchísimo porque en realidad pues conocí a medias esa cultura judía a través de mi amiga, íbamos a comer la “gallet juive” por pascuas juntas.

Éstas fueron mis amigas de infancia, luego tenía amigas personales en casa, como Paquito y Conchita y luego los hijos de ese intimo amigo de mi padre, Paco Díaz, con el cual se escapó dos veces del campo de concentración, que eran Paquito y Madeline, y con ellos me veía cuando mis padres se juntaban con sus padres, los domingos y esto.

Es cierto que también hacíamos excursiones con los exiliados, los exiliados creo que montaban, yo pienso que a partir de partidos, no sé si el Partido Socialista o el Comunista, montaban autobuses y se iban a los bosques, hacían las salidas. Yo creo que eso lo hicieron ya más de mayor, cuando yo ya era mucho mayor.

Luego cuando pasé a Liceo, mi madre al haber estado en Cuba, y al haber otro amigo exiliado que había vivido también en América, hablaban bastante en inglés y me enseñaban desde pequeña a contar. Entonces la idea normal para mí era que estando en el Liceo yo iba a estudiar inglés, pero no, claro yo entré al Liceo en el año 55, los primeros atentados o la primera manifestación de los argelinos fue en el 54, y mi padre en previsión futurista de que Argelia un día sería independiente y en manos de los argelinos, decidió que yo no estudiara inglés sino que estudiase árabe, porque a pesar de decirme que cada año íbamos a volver a España, seguramente él me preveía un futuro para toda la vida en Argelia, porque me obligó... empecé a estudiar árabe por él, estudié árabe en primera lengua y castellano en segunda.

¿En tu casa qué se hablaba?

En mi casa hablábamos español, siempre, porque mi padre pensó que para hablar un mal francés…, que el francés sería mi lengua cultural y mi lengua materna aprendiéndola correctamente, el español. Además me forzaron, mi padre me forzaba: el perro de San Roque no tiene rabo, porque pronunciaba muy mala ‘r’. Me enseñaron a hablar castellano.

Y no sé si puedo contar a partir de ahí una anécdota: yo hablaba castellano en casa,  español que se decía y teniendo una amiga pied-noire, -que son los franceses instalados muchos de origen español, porque esta chica de apellido se llamaba Navarro, pero era francesa-, era compañera mía de clase y viniendo un día a mi casa vio que hablaba castellano en casa. Y me dice “te voy llevar a casa de mi abuela, porque mi abuela también habla español”. Y dije “ah, pues muy bien”.

Y entonces mi amiga me lleva a casa de su abuela porque dice que su abuela habla español y me empieza a hablar y yo me quedo asombrada y le digo, “no sé, no sé qué me cuenta”. Y la abuela enfadada y dice, “¿pero no dice tu amiga que habla español en su casa?”. Y yo le digo “sí, yo hablo español pero yo a usted no la entiendo”, no sé y me quedé así perpleja.

Entré a casa y le conté a mis padres y les dije “mira, Danielle me ha llevado a ver a su abuela que dice que habla español, ha empezado a hablarme y yo no le he  entendido nada”. Y mi padre se echó a reír y dice, “no te preocupes la abuela te habló seguramente en valenciano”. Porque toda la inmigración económica anterior al exilio político, era de la zona de levante mayoritariamente. Pero la señora, lo peor, es que la señora pensaba que ella hablaba español, no me dijo en ningún momento “hablo valenciano”. Para ella, -que le habían traído seguramente de pequeña y en su casa sus padres le enseñaron una lengua que para ellos sería la que se hablaba en España-, pero la buena señora creía que hablaba  castellano y me estaba hablando en valenciano. Si fuese hoy en día lo entendería, viviendo donde vivo.

¿La comida en tu casa cómo era?

Era internacional, mi madre vivió en Cuba, entonces bueno, qué te diré. Menos lentejas, que mi padre se negaba en rotundo a comer lentejas, dijo que había comido bastantes durante la guerra, y es mi plato favorito hoy en día. Pero él no quiso, no comíamos lentejas, no comíamos tampoco cuscús, que me encanta, porque había comido en los campos de concentración.

Pero bueno mamá hacía una comida internacional, yo creo que fabes, que era lo más normal que hubiesen hecho, no lo hacía porque ni las había, ni el clima se prestaba a ello. Comíamos mucho pescado que Orán abundaba en eso.

Con su prima Herminia en su primer viaje a España en 1959

Después cuando fuiste mayor, ¿ibas a algún centro donde se reuniera gente del exilio, republicanos?

Sí, bueno, cuando llegó la independencia en Argelia yo tenía 18 años, entonces hubo mucha gente, la mayoría de los franceses y de los españoles marcharon de Argelia. Los que quedamos pues nos reagrupábamos y mayoritariamente se quedaron exiliados republicanos en Orán. Entonces tampoco sé decirte los orígenes pero sé que nos reagrupamos en ese momento, los hijos de exiliados. Siendo Argelia independiente y socialista, creamos, -pensamos que ya era la hora de coger el relevo de nuestros padres- y montamos lo que se llamaba las Juventudes Antifascistas Españolas, éramos unos cuantos chavales, hijos de exiliados y alguno que otro que había llegado, y teníamos entonces relación con las juventudes del FNL, el Frente de Liberación Nacional.

Quiero denunciar aquí un hecho, que si no me ocurre a mí ni me lo creo: creamos estas juventudes, hacíamos plantaciones de árboles, repoblación forestal con los jóvenes del FNL, se montó una coral, hacíamos teatro, eran todo acciones culturales y yo creo que se recaudaba mucho dinero que también iba a parar, pues me imagino que a través de algún partido, iba a parar a la gente represaliada dentro de España.

La anécdota que te quiero contar, que me parece escabrosa es que vino un barco cubano a  Argelia después de la independencia y además su capitán era un exiliado español republicano que estaba al frente del barco, claro, yo creo que igual mi padre y otros lo conocían, entramos en contacto y nos invitaron a visitar el barco, visitamos el barco los jóvenes que pertenecíamos a esa juventud.

Años después mi padre vuelve a España antes de que muera Franco, mi madre cae enferma y yo estoy viviendo en Suiza, yo estoy casada ya, vivo en Suiza y voy a buscarlos a Argelia y los traigo a España, mi madre pasa unos meses en una clínica en Madrid y luego se instalan en un piso que teníamos en Asturias, en Gijón.

Mi padre, claro tiene que presentarse de vez en cuando en comisaría para renovar los papeles, etc. -y si no me lo cuenta mi padre no lo creo-, una de las veces que va a renovar su permiso de estancia en España, en la comisaría de Gijón, en Asturias, le dicen “usted tiene una hija, (porque aunque yo siempre me he llamado Alicia, en mi casa siempre me llaman Mirna), usted tiene una hija Mirna, que pertenece, o perteneció a las juventudes antifascistas en Orán y por tal fecha fue a visitar un barco cubano”. Y yo, si no me lo cuenta mi padre no me lo creo.

Primero, quiere decir que entre nosotros, esta gentuza, porque no tienen otro nombre, lo siento, habían metido infiltrados, teníamos infiltrados. Pero es que me parece tan ridículo, que además contase que habíamos ido a visitar un barco cubano. Pero tenían la filiación nuestra, tenían todos los pasos que dábamos, ¡es algo!..., no sé si es repugnante, sorprendente o si tenemos que tomarlo con la sonrisa, ahora.

¿Aparte de cosas culturales hacían cosas de tipo político?

Dábamos charlas, éramos jóvenes que podíamos proceder de ninguna filiación política como en mi caso, jóvenes comunistas, -comunistas ellos no, sus padres pertenecían al Partido Comunista, o sus padres al Partido Socialista, o anarquistas. Entonces, yo estuve muy poco porque esto fue en el 62, yo en el 64 me casé con un chico que no era del exilio, venía de España, venía con milicias universitarias.

¿En dónde lo conociste?

En Orán, entonces tampoco estaba muy bien visto, de buenas a primeras, entre los jóvenes. ¿De dónde yo sacaba a un chaval, que venía de España, con estudios universitarios? Viniendo de milicias universitarias, no podía ser más que un fascista.

¿Y era fascista?

No, para nada, ¡qué va!, pero el pobre, mi pobre marido fue José Luis, para colmo es que las autoridades consulares por contra lo fichaban por estar metido entre los hijos del exilio, esto era lo gracioso.

Cuento esto porque José Luis que siempre tuvo inquietudes, pues intentó hacer debates y esto. Pero en los debates yo creo que llevábamos el lastre de las batallas de nuestros padres y entonces se convertía en algo… que valía más aplanar y pensar que el día de mañana volvíamos a España. Por eso pienso que hoy día, para mí es tan importante un socialista, un comunista, como un anarquista o un español, una persona que por lo menos tenga sentimientos verdaderamente democráticos.

¿Hasta qué años estás en Orán?

Bueno te digo me caso en el 64 y me voy a vivir a un pueblo, ejerzo de maestra, José Luis de médico, en un pueblecito, al lado de Orán.

¿Habías estudiado?

Magisterio, estudiaba al mismo tiempo que trabajaba, porque tenían una necesidad de maestros, habiéndose marchado todos, casi todo el cuerpo de funcionarios. Estamos viviendo cuatro años más, hasta el 68 vivimos en este pueblecito, luego José Luis, que es una persona con muchas inquietudes de formación, culturales, pues vivíamos bien en el pueblo pero se le hacía muy cuesta arriba, estábamos aislados de toda cultura, de todo progreso, incluso en su propia formación de médico.

Entonces en el 68 dejamos este pueblecito para irnos a Francia, entre tanto seguimos teniendo relaciones las juventudes, las juventudes se convierten en el Centro Cultural Miguel Hernández.

Seguimos teniendo contacto porque este centro cultural se convierte verdaderamente en un centro cultural que acoge, no sólo a los hijos del exilio, sino a un nuevo exilio español que llega, que es el exilio económico, que llega mayoritariamente procedente de Melilla. Hacen entonces en ese centro bailes, salidas al campo, teatro, creo que siguen teniendo un coro.  Yo acudía con mis padres, seguía yendo con mi hija. Cuando la primera tiene un año, mi madre se empeña en disfrazarla para que vaya a desfilar en los carnavales, se hacían carnavales, se celebraban las Navidades. Entonces es el contacto que yo he seguido teniendo muy de lejos con esto. Marchamos en el 68 a Francia.

Con su madre, su marido y su hija Sofía

¿Tenías una hija?

Teníamos ya dos hijas.

¿Cuando llegan a Francia a dónde van? ¿cómo se sienten? y ¿cuál es el cambio de estar en Orán a estar en Francia?

Marchamos a Montpellier exactamente porque mi marido marcha entonces, él con una beca de lo que se llamaba residente extranjero, unas becas que Francia daba a los residentes extranjeros que quisieran ampliar estudios. Y entonces José Luis entra como residente extranjero en un hospital de Montpellier y ahí hace un año de neurología.

Lo que pasa es que en Montpellier él también se encuentra con todo un sistema, -el sistema francés de los médicos es muy elitista-, se encuentra con un sistema de mando, el “grand patrón”, y estaban muy bien considerados los residentes extranjeros, porque claro con mucha inteligencia pensaban que esos chicos el día de mañana regresaban a sus países e iban a aportar los conocimientos que habían adquirido en Francia. Pero ese sistema le ahogaba un poco a José Luis, todo esto del ‘gran patrón’.

¿Y tú, como maestra, continuaste?

No ejercí más, no, me quedé con las dos niñas.

¿Cómo te sentías?

¿Cómo me sentía?, pues no sé, era muy joven, tenía bastante responsabilidad con dos niñas, vivíamos bastante bien, porque José Luis de tarde no trabajaba, cogíamos a las niñas y visitábamos mucho todos los alrededores de Montpellier, salíamos mucho, íbamos mucho a la playa, al monte. Ahí nos quedamos un año, hace un año de neurología y decidimos marchar a Suiza, llegamos a Ginebra donde José Luis tenía un amigo de infancia que había estudiado con vocación tardía para cura, -a su padre lo mataron durante la revolución de octubre, era un anarquista- y este chico pues estaba en una misión española católica en Ginebra. Él nos acoge y nos orienta, de ahí hacemos unos meses de verano y luego nos instalamos definitivamente, bueno por siete años en Ginebra. Y es en Ginebra donde nace nuestra tercera hija y donde yo vuelvo a ejercer de maestra.

¿Y en Ginebra cómo te sentías, extrañabas?

Entonces, estábamos siempre moviéndonos en todos los actos que hubiese y conocimos a personajes muy interesantes. El otro día estaba pensando en ella, leí de la muerte de la “duquesa roja” que llamaban, y las peleas de sus hijos por heredar y me acordé que esta señora la conocimos en Ginebra, conocimos a Eva Forest, conocimos a personajes que seguían luchando y ahí también, en los consulados, los consulados españoles eran maravillosos para tener gente metida por todo, maravillosos para ellos no para nosotros.

Me acuerdo que en una manifestación, teníamos una amiga, me parece que también el padre había sido anarquista, ella vivió siempre en Ginebra, íbamos en una manifestación y había un señor al lado nuestro y dice ella “cuando lleguemos al río, a éste lo tiró en el río” y digo “¿por qué dices esto?”, “porque es un infiltrado del consulado que nos está controlando”. Y de hecho luego, un poco después, cuando se acabó la manifestación, se acercó un policía a ella y le pidió su carnet de identidad, cosa que demostraba que ella tenía razón, que conocía a la gente. Quedamos en este ámbito del mundo español, del mundo antifranquista, seguimos viviendo en él en Ginebra.

¿Cuándo deciden volver a España?

José Luis tuvo claro siempre que su lengua, siendo psiquiatra, (me olvidé decir que él en Suiza hizo toda la especialidad en psiquiatría), psiquiatría es una especialidad que manejas mucho la lengua. La lengua francesa para José Luis no era su lengua, entonces ni su manera de ser, él no quería ser suizo y su meta era volver a España.

Estaba claro que tampoco nos gustaba el ambiente español que había en la época en España. Entonces como estábamos en estos movimientos, cuando empezó a anunciarse, cuando se vio decaer la situación anímica de Franco, pues yo creo que ahí decidimos que era el momento. Nuestras hijas tenían además 10, 11 años, y en el 76 decidimos que volvíamos a España.

Por lo que preguntas de la adaptación en los distintos sitios, me acuerdo que los suizos son muy estructurados, es muy fácil trabajar, es muy agradable desde el punto de vista de organización, porque lo tienen todo planificado a años vista.

Entonces yo anuncié al inspector en septiembre que era mi último año en Ginebra, que ya me marchaba para España. Y me dijo “pues señora, usted va a echar de menos el surtidor” y le dije “pues mire, yo guardaré un recuerdo muy bueno del surtidor, -nosotros pensábamos irnos para Asturias- pero yo tengo el mar cantábrico que me espera en Asturias”.

Y por circunstancias de la vida, no fuimos al mar cantábrico, pero vinimos al mare nostrum, que estamos muy contentos con él, volví a recuperar el mare nostrum del otro lado de la orilla, estamos en Valencia desde el 77.

¿Vinieron directo a Valencia?

Sí, vinimos directo Valencia.

¿Por qué a Valencia?

¿Por qué Valencia?, bueno porque en Ginebra, mejor dicho en toda Suiza había bastantes médicos, y particularmente psiquiatras que habían venido de España y por razones sobre todo de huelgas, habían salido de España y estaban ahí, entre otros había una chica de Valencia, una psiquiatra de Valencia que un día le dice a José Luis “mira, tú, que te quieres volver a España, pues en Valencia, en el psiquiátrico de Valencia están pidiendo médicos, sería la ocasión para ti”.

Y José Luis que ya tenía un esquema muy suizo, de años vista, contratos firmados, etcétera, pues pide una cita, coge el avión y se viene a ver al que era el director del Hospital Psiquiátrico de Valencia. Y vuelve y no vuelve contento, no le gustó mucho la entrevista, pero el director quería que se incorporase en seguida. Entonces él le dice que no, que él tiene un contrato con Suiza hasta septiembre y que él quiere respetar el contrato. Entonces le dice “bueno entonces el primero de septiembre te quiero aquí”.

Y entonces José Luis pide un contrato, le dicen no, no hay contrato, y los compañeros le recuerdan y le dicen “no, es que tú hace mucho tiempo que has salido de España, pero en España no se hacen contratos, en España tienes que entrar y luego ya a la larga pues ya te afianzas”.

José Luis no estaba muy convencido de esta idea, pero bueno, el otro dijo el primero de septiembre, así es que había que estar el primero de septiembre aquí, y eso es otra historia, otra aventura, bastante…, ¿cómo diré?, inverosímil que nos ocurrió.

Llegamos aquí, con nuestros muebles, con el guardamuebles, tres hijas, dos hijas que entraban además: una a la secundaria y la otra acababa la primaria y la pequeña de tres años; teniendo un piso nosotros en Gijón, y además la plaza asegurada para una escuela al lado de casa, para las dos mayores, (porque un amigo nuestro, un maestro nos lo había buscado, todo esto en Gijón), pero llegamos a Valencia.

 Y cuando se presenta José Luis en los despachos del psiquiátrico, va a la jefa del personal y la jefa del personal le dice que no hay ningún puesto de trabajo ahí, que no hay nada, que es todo invento del director. El director lo planifica en su cabeza, pero que no lo planifica realmente con la diputación de Valencia, que es la que por plenos tiene que aprobar los puestos de trabajo.

Al mismo tiempo que José Luis, llegaba un chico de Estados Unidos, que había dejado su puesto de trabajo en Estados Unidos para venir y otra persona que venía de Castellón, que abandonó su puesto de trabajo en Castellón para venirse a Valencia. Y no teníamos nada, ni escuelas, ni casa, ni puesto de trabajo. Yo ya me río, pero no me reía entonces, más bien rebotaba y saltaba por los aires.

Bueno, poco a poco se arregló la cosa, estuvimos así desde septiembre que llegamos hasta enero. El chico que venía de Estados Unidos cogió el pobre una ictericia del disgusto, una depresión, venía y me hablaba y al final él se volvió a Estados Unidos y yo creo que es al día de hoy que no ha vuelto a poner los pies en España, y menos aún en el psiquiátrico. José Luis al final, bueno por intermedio, insistiendo, a través de personas y esto, se creó un puesto de trabajo de jefe clínico y pudo entrar en los servicios psiquiátricos.

Aparte de esta aventura, ¿cómo te sentías tú en Valencia, te sentías extranjera, te llamaban la francesa? ¿Qué eras?

No, nosotros veníamos siendo militantes del Partido Socialista Español en Ginebra y entonces nos incorporamos muy fácilmente aquí, yo me incorporé a un grupo de mujeres,  fui muy bien acogida por todas las chicas.

Me acuerdo que en ese grupo de mujeres había una que era de un pueblecito por Alicante y que su lengua materna era el valenciano y ella hacía esfuerzos por mí para hablar en castellano y le dije “Pepa, no te preocupes, sigue hablando en valenciano”. Gracias al francés, entre el francés y el castellano, yo llegué a entender muy fácilmente el valenciano, que nunca lo hablé. Nunca lo hablé porque tenía que haber hecho como una compañera que me dijo que aprendió el valenciano yendo al mercado, en un pueblecito aquí al lado, se puso a hablar y aunque era bretona…

¿Qué pasa entonces con tus padres?

Mis padres se quedaron, cuando nosotros marchamos a Francia ellos se quedaron en Argelia, y como te dije, mamá enfermó, no sabemos si fue una depresión, si era un problema de corazón, no lo tengo muy claro, perdió muchísimos kilos y lo que pasa es que en Suiza nosotros éramos privilegiados porque al ser José Luis médico y yo trabajaba otra vez como maestra, teníamos una carta de residentes.

Hay varios estamentos en Suiza, había los trabajadores temporales, que no podían tener la familia, y nosotros sí, nos dieron enseguida para establecernos, nos facilitaron un piso y nuestras hijas fueron al colegio normal, pero no podía traer a mis padres a Suiza a vivir. Sí venían mis padres, papá pasó una larga temporada con nosotros, pero no era regular.

Entonces cuando mamá enfermó yo fui a ver la situación en Orán y la verdad es que la situación médica dejaba mucho que desear en la época, la sanidad estaba sobre todo en manos de cooperantes búlgaros y cubanos principalmente, los argelinos que habían estudiado medicina, en vez de trabajar en hospitales se dedicaban sobre todo a hacer consulta particular, seguían los pasos de los colonos franceses y entonces la situación no era la más adecuada para mis padres allí.

Entonces es cuando los traje a España, primero estuvieron en Madrid, mi padre tenía un hermano en Madrid, el hermano con el que había estado en Cartagena. Y luego ellos se establecieron en Gijón, y mamá falleció en el 72, dos años después. Mamá está enterrada en Gijón.

¿Has ido a Gijón a ver los lugares donde nacieron tus padres?

Nosotros vamos cada año a Gijón, todos los años, tenemos el piso ahí, lo ofrecemos a los amigos que quieren ir, pero nunca lo hemos alquilado, abrimos las puertas a quien quiera, pero nosotros vamos ahí. Sí yo conocí a toda la familia de mi madre y de papá también, papá era de Avilés.

Su padre con 96 años con sus 3 nietas

¿Has ido a Cuba?

He ido hace 12 años, a la “recherche du temps perdu”, diríamos, a “la búsqueda del pasado” de mi madre, ese pasado que para ella era muy importante. Tengo un tío enterrado ahí, el hermano de mi madre, nunca supe de su familia, oí decir que tenía una hija, que había estado casado, la verdad es que no lo sé.

¿Tu mamá no volvió a Cuba?

No, mi mamá no volvió, mi mamá para su placer, después de la independencia, recibió mucho en su casa a las delegaciones de médicos cubanos que venían y era entrañable, mamá hablaba de La Habana, y los médicos se reían y le decían “viejecita, nos estás contando una habana que no conocemos”, era otra cosa.

Nosotros estuvimos 15 días visitando, en La Habana, el malecón, estuve en el Hotel Nacional donde mi mamá había trabajado. Bueno fue una visita sin más.

¿Qué es lo que más has valorado de vivir en Valencia?

Viviendo en Valencia… bueno, tenemos nuestras tres hijas, están casadas aquí, asentadas, nuestros nietos ya han nacido, los cinco nietos en Valencia, ellas se sienten muy valencianas y bueno el clima, es parecido al de Orán, lo que pasa es que huimos en verano, el de Asturias nos va mejor para el verano. Nos sentimos bien en Valencia.

¿Cómo ha influido en tu vida y en tu forma de ser el haber sido hija de exiliados?

Y luego por otra parte, (y eso no sé si te lo han dicho), teníamos que ser, por lo menos mi padre me inculcó esa idea, teníamos que ser perfectos, porque teníamos que demostrar justamente que ni éramos ladrones, que éramos gente trabajadora, que éramos gente que estamos luchando, que habíamos luchado por un ideal, por un gobierno legal, como siempre dijo mi padre, que los ilegales eran los que se llamaba nacionales. Que lo único que habían hecho era quedarse con el gobierno que era el gobierno que había sido votado.

Entonces siempre era demostrar que éramos muy buena gente. Mi padre, yo no sé si era más por su lado franmasónico, me lo decía. Mi madre también me decía que teníamos que …, ¿cómo decirte?..., yo no tenía ningún control en mi casa, ninguna represión, pero, me decía mi madre “yo te hago confianza y tú tienes que responder a esa confianza”. Y eso es muy fastidioso en el fondo, porque te coarta de joven, el ponerte tú misma límites.

Ya luego cuando creces, lo ves de otra manera. Bueno entonces hay distintas fases, pero hoy en día yo estoy muy contenta de haber sido hija de exiliados republicanos e intentó, intentamos, -a nuestros nietos, a nuestras hijas, las hemos dejado bastante libres, no las hemos forzado-, pero también que sepan lo que es el valor de la cultura.

Para mí la República fue sobre todo cultura, a pesar de todas las batallitas que hayan podido tener entre ellos, es cultura. Y yo creo que eso hay que defenderlo por encima de todo.

¿Y finalmente qué piensas de la memoria histórica?

Porque leí un artículo, que justamente decía que Garzón había hecho muy bien las cosas para no entrar en ese terreno resbaladizo de ir a tribunales, o ir a enjuiciar, él lo que quería es la exhumación. Y puso una fecha, una fecha tope que era hasta el 51. ¿Por qué?, y luego yo estaba pensando en la edad que tenía mi padre, 96 años, cuando falleció hace un año.

A los tribunales no se va a llevar a nadie, toda esta gente ya está en los campos santos y Garzón lo que quería era la exhumación, no iba a llevar a nadie a los tribunales, porque ya están muertos.

Entonces pienso que se está desvirtuando mucho lo que quería hacerse y pienso que sí, que la gente que quiera pues coger sus huesos, (aunque dudo cómo se puede saber de quién son), tienen su derecho. Yo creo que se está exagerando, que no se va llevar a nadie a los tribunales y que honorar la memoria de cada uno y que cada uno tenga el derecho de saber dónde están, quién fue su abuelo, su padre, y que su abuelo o su padre no fue un bandolero, no fue una persona que mataron en una fosa ahí.

A mí me impresionó mucho los relatos de los maestros de la República, porque hablé con personas que lo han vivido y que me han dicho que son exactos esos relatos, que así fue. En esos relatos se ve que los maestros eran gente, además católica la mayoría de ellos, y los han matado por ser maestros: estaban pasando un mensaje.

Y lo más doloroso, cuento esto porque hay hijos de estos maestros que no supieron, hasta muy tarde, que sus padres habían muerto simplemente porque eran maestros, que estaban manteniendo una cultura, y la familia lo calló.

Hay relatos impresionantes yo incito a todo el mundo a leer este libro porque pone las cosas en su sitio y yo creo que hay que ir por ahí. Y nosotros creo que tenemos que ir adelante siempre para hacer una España mejor, con tal de que seamos gente demócrata, no como lo emplean algunas derechas, porque esa palabra me está sentando fatal en bocas de algunos que se dicen muy demócratas, pero no. Que seamos gente consciente, de izquierdas, gente solidaria, vengamos de donde vengamos, del partido que vengamos, yo creo que es la conclusión que daría.

     
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