Hijos y nietos del exilio republicano
 
 

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José Silvestre
 

Sin voluntad, la bombilla se balancea, va y viene, va y viene. En su pendular  mece las sombras de los objetos hacia un lado, hacia el otro, hacia un lado, hacia el otro, como una nana estéril. Estoy dentro del barco, tengo diez años y siento miedo, un miedo de herencia, y transcurro por el Atlántico, que no alcanzo siquiera a imaginar. Adiós. Le digo adiós a mi patria desde el puerto de otra, un adiós obligado en un treintainueve, un adiós herido de muerte. Respiro un dolor salado, húmedo, y por más que ese vaivén quisiera acunarme, devolverme a la madre perdida, ese vaivén está condenado a vivir sobre un mar agitado, un mar que escala paredes que exiliarán al cielo por cuarenta años. La cabeza se me nubla, se me revuelve el estómago, un estómago vacío, tan vacío que ya ni me acuerdo.
 

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MEMORIAL DEMÒCRATIC


CORREO ELÉCTRONICO

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El vértigo me alcanza. Un dolor salado, húmedo, hiere las oquedades que me habitan el alma en derrota. Estiro el cuello, lo tenso, levanto la cara, mis ojos todavía grandes por infantiles se dirigen hacia la nada en un azul más negro que marino, y una oleada que aguijonea en mi pecho me empuja a aullar.

Carmen Simón Pinero (ciudad de México, 1955) es nieta del combatiente republicano Ricardo (Betsabé Espiridión) Pinero González, merecedor de una condena de muerte, obrero del ferrocarril, nacido en Mota del Cuervo (Castilla) y de Josefa Pérez, nacida en Murcia. Es hija de Presentación (quien se casa con Rafael, hijo de libaneses socialistas y alumno del Instituto Luis Vives), y sobrina de Modesto y de Leonor.

Los cinco miembros de la familia Pinero se repliegan en Barcelona para después llegar a un campo de refugiados en Francia. Finalmente, después de una penosa travesía arriban al puerto de Veracruz, el 27 de julio de 1939, en el vapor Le Mexique, y unos meses después se trasladan a la ciudad de México, lugar donde transcurre su vida.

En el mes de mayo de 2009, Carmen, acompañada por sus dos hijas, Lola y Marcela, fija su residencia en Barcelona. En esta ciudad, a pesar de los pesares, desarrolla su trabajo como escritora y vive de la literatura, es decir, vive del cuento.

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Sense voluntat, la bombeta es balanceja, va i ve, va i ve. En seu pendular gronxa les ombres dels objectes cap a un costat, cap a l'altre, cap a un costat, cap a l'altre, com una cançó de bressol estèril. Sóc dins del vaixell, tinc deu anys i sento por, una por d'herència, i transcorro per l'Atlàntic, que no arribo si més no a imaginar. Adéu. Li dic adéu a la meva pàtria des del port d'una altra, un adéu obligat en un treta-nou, un adéu ferit de mort. Respir un dolor salat, humit, i per més que aquest vaivé volgués bressar-me, tornar-me a la mare perduda, aquest vaivé està condemnat a viure sobre un mar agitat, un mar que escala parets que exiliaran al cel per quaranta anys. El cap se m'ennuvola, se'm regira l'estómac, un estómac buit, tan buit que ja ni recordo|acordo. El vertigen m'assoleix. Un dolor salat, humit, fereix els buits que m'habiten l'ànima en derrota. Estiro el coll, el tenso, aixeco la cara, els meus ulls encara grans per infantils es dirigeixen cap al no res en un blau més negre que marí, i una onada que agullona al meu pit m'empeny a udolar.

Carmen Simón Pinero (ciutat de Mèxic, 1955) és néta del combatent republicà Ricardo (Betsabé Espiridión) Pinero González, mereixedor d'una condemna de mort, obrer del ferrocarril, nascut en Brossa|Taca del Corb (Castella) i de Josefa Pérez, nascuda a Múrcia. És filla de Presentació (qui es casa amb Rafael, fill de libanesos socialistes i alumne de l'Institut Luis Vives), i neboda de Modesto i de Leonor.

Els cinc membres de la família Pinero es repleguen a Barcelona per a després arribar a un camp de refugiats a França. Finalment, després d'una penosa travessia arriben al port de Veracruz, el 27 de juliol de 1939, al vapor Le Mexique, i uns mesos després es traslladen a la ciutat de Mèxic, lloc on transcorre la seva vida.

En el mes de maig de 2009, Carmen, acompanyada per les seves dues filles, Lola i Marcela, fixa la seva residència a Barcelona. En aquesta ciutat, malgrat els pesars, desenvolupa el seu treball  com a escriptora i viu de la literatura, és a dir, viu del conte.

Entrevista

Me das tu nombre y tu lugar de nacimiento.

Hola, me llamó Carmen Simón Pinero y nací en la ciudad de México en 1955.

¿Conoces la historia de tu familia, de la guerra civil y cómo salen al exilio?

Sí, fragmentariamente pero sí tengo algunas historias que sobre todo mi madre me contó, precisamente de cosas que yo le preguntaba. Mi madre era chica, tenía 13 años entonces no se acuerda de todo. Mis abuelos pues ya murieron, pero bueno hemos reconstruido algo con ella así que te contaré lo que sepa.

Mi madre vino a México por el puerto de Veracruz, salieron de Burdeos en el Ipanema en junio de 1939.

¿Sabes un poco de cómo era la vida de tus abuelos en España antes de que salieran?

Sí, mi abuelo era de Mota del Cuervo, que está allí en la Mancha, era trabajador de ferrocarril, era obrero, sindicalista y republicano y mi abuela era de Murcia. Cuando se casaron se fueron a vivir a Madrid que era donde mi abuelo trabajaba como ferrocarrilero y estando allí en Madrid, mi abuela se dedicaba a la casa, tuvieron tres hijos, mi tía Leonor, mi tío Modesto y mi madre, que es Presentación. Mi abuela era doña Josefa y mi abuelo don Ricardo.

¿Y tu abuelo estaba con la república?

Sí, él se fue al frente por la república como sindicalista que era, ahí los obreros marcaron como siempre, los obreros son los que se van siempre a la primera línea y mi abuelo marchó al frente.

Y bueno se quedaron un tiempo en Madrid, mi abuela con los tres hijos y al poco rato mi tío se unió al frente con mi abuelo, mi tío era bien pequeño, tendría a lo mejor 17 o 18 años y decidió también entrar en la lucha.

Mi tía Leonor en ese entonces iba a hacer una estancia cerca de la frontera con Francia para una cosa de estudios y la guerra la pescó por allá y se quedó toda la guerra, se la pasó refugiada en un convento de monjas, se quedó separada de la familia y mi madre se quedó con mi abuela en Madrid.

Después ellos se vinieron a Barcelona, donde seguían resistiendo, bueno me contaban que Barcelona es de las zonas que sufrió los bombardeos más inhumanos, recuerdo que me contaba que hubo un bombardeo de tres días, un bombardeo intensivo y a la población por supuesto, donde estuvieron ellos.

Entonces alguna vez yo le pregunté a mi madre “y bueno ¿qué es lo que tú recuerdas de la guerra?, ¿cómo viviste la guerra?” Y ella me decía curiosamente que no la recuerda con horror, cosa que se me hizo muy extraño, pero según lo que ella me iba contando la fui entendiendo porque claro una niña de 13 años, que tiene que adaptarse a la nueva situación y los adultos que están a su alrededor porque se reúnen otros tíos, hermanos de mi abuela y otra hermana de mi abuela, doña Presenta precisamente. Y todos ellos siempre procuraban que la vida de la niña no fuera tan grave. Entonces decía, bueno a veces tenía zapatos grandes, a veces zapatos que me apretaban, pero siempre tenía algo que ponerme a los pies y yo con eso me sentía contenta.

Dice que lo único que recordaba con un poco de angustia era cuando sonaban las sirenas de los bombardeos, entonces sí porque ahí era escuchar la voz de alerta de todo el mundo, a correr, a huir de los bombazos y a meterse a los refugios, pero ya llegada la noche les cantaban canciones, les contaban cuentos, algo de comida siempre les daban.

Me contaba que sufrió un poco de hambre pero que igual tenía su compensación, era cuando estaban ya aquí en Barcelona y salían al campo, pues estaban en las afueras no en la capital y salían a recoger cardos para comer. Entonces a ella le gustaba eso y se llevaba una bolsita, una canastita o algo así y por el camino cantaba y recogían cardos y era la comida.

Y tu abuela estaba en Barcelona.

Exactamente, para el final de la guerra ya se vinieron para acá mi abuelo y mi tío. Una anécdota de mi tío, porque él era un hombre muy, muy guapo, fue novio de Lola Flores, te voy a decir, y yo me preguntaba ¿qué le pasa a mi tío? pues yo le sentía que tenía alguna cosa rara. Él estaba enfermo de los nervios, se quedó siempre enfermo de los nervios porque en alguno de los bombardeos cayó una bomba y toda la tierra lo cubrió y lo sepultó. Entonces ese día terminó el bombardeo cuando lo empieza a buscar mi abuelo y no está por ningún lado y todo el día buscando al chico, no lo encontraban, hasta que se le ocurrió a mi abuelo pues sólo que lo hubiera cubierto la tierra de las bombas y se pusieron a cavar en todo lo que fuera una montaña y lo sacaron de una de ellas, pero pasó muchas horas, ocho o diez horas sepultado vivo, entonces eso es algo de lo que nunca se pudo recuperar.

¿Sale tu tío con tu abuelo y la otra parte de la familia aparte?

No, mi abuelo vino entonces aquí a Barcelona, ya era el final de la guerra y tenían que cruzar a Francia y desde aquí se fueron a pie. Pero ya se fueron todos: mi abuela, mi madre, mi abuelo y mi tío, los cuatro, junto con más gente por supuesto, se fueron a Francia.

¿Y la hermana de tu madre seguía en este lugar?

Sí, tenían que irla a recoger allá. Entonces agarraron hacia Francia para irse a los campos de concentración, cruzar la frontera, pero la travesía esa sí que fue muy, muy penosa. Dicen que un rato la hicieron en auto, pero el auto un poco más adelante hasta ahí podía llegar y después tenían que atravesar por el campo, a pie, escondidos para poder llegar a la frontera. Poco antes de la frontera recoger a la hermana que se había quedado y después pues llegar a Burdeos.

¿Estuvieron en un campo de concentración?

Sí, estuvieron un tiempo.

¿Sabes en cuál?

No, no lo sé, tendría que preguntar a mi madre a ver si lo recuerda, porque pienso que si no lo sé es porque ella no lo recordará, pues yo me había tomado la iniciativa de grabarle a mi madre, tengo un cassette donde ella me cuenta algunas de estas cosas que yo te he contado.

¿Salen en el 39?

Ellos salen en  junio del 39 en el Ipanema, alcanzaron a salir todos juntos y el Ipanema creo que llega un mes después a Veracruz, creo que fue en julio del 39 cuando llegan a Veracruz.

Y bueno llegando a Veracruz tú sabes que Lázaro Cárdenas les ofrecía papeles inmediatamente. Y mi abuelo de inmediato se nacionalizó mexicano y se quedaron en Veracruz un poco de tiempo y después se fueron a la Ciudad de México. Ahí mi abuelo empezó a trabajar como mecánico, que era un hombre muy hábil con las manos, tenía unas manazas así.

El Ipanema y el certificado de entrada de su madre en México

¿Tu mamá qué edad tiene?

Cuando empieza la guerra tendría unos 10 años porque ella llega a México a los 13 años.
 
¿Y tu mamá va a la escuela entonces?

Sí, iban en el Instituto Luis Vives, los tres hermanos iban en el Vives y además mi abuelo, a pesar de que era ferrocarrilero, era un hombre que sabía muy bien las matemáticas y no recuerdo qué materia enseñaba en el Luis Vives, pero él era profesor ahí.

¿Cuál era su nombre completo?

Ricardo Pinero González. Y bueno daba algunas clases ahí pero también trabajaba como mecánico, en unos talleres de maquinarias grandes donde hacían piezas mecánicas. Él era un hombre muy trabajador y poco a poco fue haciéndose de dinero hasta que puso su taller propio, talleres Pinero, en Bahía del Espíritu Santo así se llamaba la calle, yo recuerdo el taller. Mi madre lo ayudaba en toda la administración del taller y vivían en un departamento pequeño en la avenida Juárez, exactamente frente al Monumento de la Revolución, desde la ventana del piso lo podías ver.

¿En qué momento tú madre conoce a tu papá?

Bueno mi papá ya va al Luis Vives, no sé muy bien por qué lo habían puesto en esa escuela, porque mi padre es hijo de libaneses, bueno se quedó huérfano muy pequeño, tenía ocho años cuando muere su padre. Y su tío, que fue Neguib Simón, un hombre importante en la política mexicana, yucateco.

Neguib Simón fue secretario de Felipe Carrillo Puerto, se salvó de milagro de que le dieran también cuello. Felipe Carrillo Puerto lo salvó porque le dijo “Neguib tienes que irte esta noche inmediatamente de aquí porque vienen a por nosotros”, entonces Neguib no se quería ir para no dejar a Felipe Carrillo Puerto, pero él le dijo “es que yo no me voy a ir de aquí aunque me maten pero tú te tienes que ir, tienes otras cosas que hacer”. Y se fue Negib y se fueron también sus hermanos, uno de ellos mi abuelo Jacobo Simón, que estaban viviendo allí en Mérida y se fueron todos a la Ciudad de México.

Y Neguib, bueno él es el constructor de la Plaza de Toros México, de la Ciudad de los Deportes y a la muerte de su hermano puso a los hijos de él en el Vives. Y ahí estaba entonces mi padre en el Luis Vives porque le parecía que era una escuela de muy buena calidad, tuvo el acierto.

Ahí conoció a mi madre, y mi padre desde que la vio se quedó enamorado de ella y entonces fue siempre el amor de su vida, toda su vida. Pero cuando estaban allí en la escuela mi madre cumplió 18 años y su madre se quería regresar a España, mi abuela entonces tomó a sus dos hijas a Leonor y a mi madre y se vinieron a España, otra vez a Madrid.

En tus recuerdos de pequeña tenías una idea de cómo habían vivido el exilio tanto tus abuelos como tu mamá. Sabes si eran de las personas que tenían la maleta lista porque pensaban que se iba a acabar pronto el exilio o dijeron ya nos quedamos aquí.

Sí mira mi abuela es de las que tuvieron siempre la maleta lista para volver, ella no quería quedarse en México, ella quería regresar a costa de lo que fuera y se murió en México, hasta el día de su muerte estuvo deseando volver.

Entonces hizo ese primer intento de regresar, que fue cinco años después de haber llegado y antes de que se casara mi mamá que ya estaba de novia de mi papá. Mi abuelo accedió, dijo “bueno si podemos volver, volvemos”, pero mi abuelo se había afincado verdaderamente en México, él salía por las tardes a tomar su café con los amigos, con la gente del Vives.

Mi madre me cuenta que ella recuerda muy bien que siempre la llevaba, entonces iban a algún café de la avenida Juárez o del centro de la ciudad de México y estaban todos los amigos y conversaban y jugaban a veces dominó.

¿Y tú recuerdas que se juntaran amigos de tus abuelos, que hablaran de cosas de la guerra?

Cuando iban a esos cafés  conversaban de todo esto y la mayoría estaba pensando en volver y bueno fue todo un fenómeno de que los españoles pensaban que esto no iba a durar tanto.

También en mi casa siempre se juntaban dos amigas de mi madre, las hermanas Lobo se apellidaban, Teresa y Carmen Lobo, ellas junto con mi madre conversaban de eso y sobre la guerra, pero ellas ya veían muy lejano, irrealizable el regresar. Ya habían hecho toda la vida en México, los hijos estaban en México, entonces ellas ya no se podían regresar.

¿Y cuando viene tu abuela con sus hijas, tu abuelo se queda?

Sí porque mi abuelo no podía entrar, lo metían preso y mi tío tampoco, entonces ellas vinieron pensando que pudiera haber alguna amnistía. Un tío mío estaba preso, el tío Domingo me parece que se llamaba y estaba condenado a muerte, fue cuando vino Evita Perón y le pidió a Franco por la vida de los condenados a muerte, entonces no los mataron pero quedaron presos, les perdonaron la vida como un regalo a ella.

Y después de eso fue cuando vino mi abuela y trató de conseguir que los dejaran entrar y no, le dijeron, “ellos están en la lista de los indultados, no están condenados a muerte, pero en el momento en que pisen el suelo español se van presos, tienen que cumplir una condena perpetua”. Entonces mi abuelo le dijo “por supuesto que no me voy para allá”.

Entonces estuvieron aquí cerca de tres años y mientras, mi padre sufriendo como loco porque se le había ido su amor, su españolita y se escribieron cartas y la relación entre ellos pues perduró durante todo ese tiempo. Mi madre tenía un perrito que se lo dejó a mi padre para que se lo cuidara hasta su regreso y cuando regresó mi madre, efectivamente ahí tenía a mi padre y al perrito esperándola los dos.

Pero ese regreso parece ser que fue espantoso porque regresaron en barco y les agarró una tormenta, que esta tormenta hizo que mi madre no quisiera volverse a subir jamás, ni a las lanchas del lago de Chapultepec. Recuerdo que me contó eso estando en las lanchas del lago de Chapultepec, me decía que no subiéramos a la lancha y yo tampoco me quería subir, hasta la fecha yo también le tengo pánico al agua. Y yo decía pero “¿por qué le tengo pánico al agua?, no entiendo”. Y entonces mi madre me contó “debe de ser por mi culpa” y entonces yo dije pero “¿por qué tu culpa?”. Y me dice bueno es que cuando volvimos a México, volvimos en barco, el barco fue a Nueva York y ya de ahí tomamos un vuelo, pero en el viaje a Nueva York les agarró la tormenta y dice que eran unas paredes, unos muros que no lograban ver el cielo, que se juntaban las olas arriba. Y que en una ocasión estaba tan desesperada que sin pensarlo abrió la puerta e iba a salir a cubierta cuando un marinero la rescató y fue cuando pudo ver esa imagen espantosísima de la tormenta que duró como 15 días. Y jamás de los jamases volvió a subirse a una lancha, contaba que llegaron tan mal, que la ropa se les caía de que no pudieron probar bocado en esos 15 días, se amarraban así las ropas, las faldas a la cintura.

¿Y qué impresión tuvieron cuando regresaron a España, tu abuela y tu mamá?

Bueno mira mi madre dice que ella se sentía a gusto en el sentido de que tenía un trabajo, contaba que era mecanógrafa. Esto era en Madrid, mi abuela se había reunido otra vez con su familia. Mi madre recuerda que se sentía bien, pero quería volver a México.

¿Y tu abuela qué pensaba?

Mi abuela se quería quedar por encima de lo que fuera, ella quería quedarse, pero las dos hijas le dijeron que no, que de ninguna manera, que querían volver, que querían ver al padre. Mi madre era muy, muy apegada a mi abuelo y dijo que ya se quería regresar y bueno estaba el novio también.

A mi abuela no le hacía gracia que mi madre se casara con un mexicano, hay que decir la verdad, mi abuela era así, ella esperaba de mi madre se casara al menos con un español, al menos, aunque estuvieran en México. Tanto mi madre, como mi tía se casaron con mexicanos, ellas lograron arraigarse en México.

¿Ustedes son cuántos hermanos?

Somos seis, cuando se casaron mis padres se fueron a vivir al norte de México, a Hermosillo. A lo mejor yo debo haber tenido unos cinco años cuando nos fuimos al norte. Mi padre le dedicó muchos años de su vida al trabajo de campo, era agricultor y sembraba allá algodón. Y mi tío, el hermano de mi mamá, mi tío Modesto, era amiguísimo de mi papá, eran compadres, porque además mi tío Modesto era el padrino de bautizo de todos nosotros. O sea que eran los compadres felices y alegres y se iban de parranda juntos y hacían negocios juntos y eso de la siembra del algodón y demás fue idea de mi tío Modesto. Pero mi tío se hizo también así, jamás se le borró el acento español, ni muchas de las costumbres españolas por supuesto, pero también estaba más que adaptado a México.

¿Tú a qué escuela fuiste?

Mi madre no nos mandó a ninguna escuela, ni al Vives, ni el colegio Madrid, porque ella decía que quería que sus hijos fueran mexicanos, bien adaptados a México y también creo que había por otro lado una cantidad de problemas económicos, porque vivían muy modestamente y yo creo que no les alcanzaba para pagar una escuela así. Entonces siempre fuimos a la escuela que estuviera a la vuelta de la casa. No fuimos a escuelas públicas, sino escuelas privadas, pero escuelitas pequeñas y modestas.

Entonces estuvimos unos años en Hermosillo, 4, 5 años, no lo recuerdo muy bien y a la muerte de mi abuela, que murió en la Ciudad de México, mi madre decidió regresar a la Ciudad de México.

El negocio del campo no fue negocio por supuesto, entonces se regresaron a la Ciudad de México y yo ahí entré a una escuela que se llamaba Instituto Amanecer, una escuela equis, nada que ver con las escuelas de los españoles. Y bueno así fue con todos mis hermanos.

¿Tú recuerdas cómo era la gastronomía en tu casa?

 

a parte también con mi madre ¿no?. Yo tenía adoración por mi abuelo y fui de sus nietas consentidas, él me pagó la escuela, toda la escuela mía me la pagó él, él siempre me apoyó e igual me quiso mucho.

Oye Carmen, ¿tenías amigos de hijos del exilio?

Fíjate que no, a partir de que no fuimos a esas escuelas y de que mi madre fue perdiendo contacto con sus amigos de la escuela. Curiosamente mi padre es el que procuraba la comida anual con los compañeros del Vives. Hasta antes de que mi padre se muriera se reunió con los sobrevivientes, mi padre murió a los 80 años y todavía para entonces se llegaban a reunir y mi madre iba con él, pero ella no procuraba eso.

Hay una persona interesante e importante del exilio español que es Martí Soler, mi madre empezó a trabajar en una editorial, en la Editorial Siglo XXI y el que dirigía todo el departamento de edición era Martí Soler, lo dirigió durante 20 años, en la época de Orfila, ahora dirige el Fondo de Cultura Económica. Orfila un argentino maravilloso ¿no?, yo trabajé con Orfila, es una persona que me formó. Y entonces con Martí era el vínculo de mi madre con los españoles en el exilio, pues en algunas ocasiones hacían comidas y comíamos con ellos, pero era realmente esporádico. Yo creo que a mi madre la absorbió tener seis hijos, pues el tener seis hijos no era una tarea sencilla.

¿Qué estudiaste?

Yo empecé a estudiar periodismo en la UNAM y lo dejé, porque al final encontré que no era exactamente eso lo que yo quería. Desde muy pequeña siempre quise escribir y recuerdo que mi madre me decía que jamás en su vida se arrepentiría de la cantidad de libros que había comprado y la enorme biblioteca en casa, porque yo me había leído todo, excepto los libros que estaban hasta arriba que eran de los adultos, que ella leía, ella era una gran lectora por supuesto.

Mi madre era correctora y traductora allá en Siglo XXI, pero bueno había una parte convencional en ella y tenía Cien años de soledad entre los libros de hasta arriba, prohibidos para más jovencitos, pero yo en la noche me levantaba, ponía una silla, bajaba el libro, lo leía a oscuras allí escondida entre las sábanas y en la mañana lo volvía a dejar y así me leí todo, todo, todo. Y bueno pues conseguí hacer mi sueño, yo quería ser escritora y soy escritora.

¿Y estudiaste?

No mira, para ser escritor, contrario a lo que pareciera, no hay ninguna carrera de escritor, ni los que estudian letras pueden ser escritores, es decir, pueden llegar a ser escritores, pero no quiere decir que porque estudien letras son escritores, ni los que estudian literatura ni filosofía, el escritor se hace por oficio. Entonces bueno te empiezas a hacer escritor leyendo antes que nada.

Tu primer trabajo lo tuviste gracias al exilio ¿no?

Exactamente, gracias al exilio tuve mi primer trabajo en una editorial que era lo más cercano a lo que yo deseaba tener, yo tenía 17 años y me sorprendió porque además parecía que yo tenía 14, pero bueno la gente allí tenía otro criterio y otra idea de las cosas.

Orfila justamente había sido echado del Fondo de Cultura por querer publicar el libro de Los hijos de Sánchez, fue cuando se funda la editorial del Siglo XXI. Por supuesto, gente del exilio es quien apoya a Orfila en la aventura de siglo XXI. Justamente, yo hace un par de años me encontré con el hijo de Enrique Martín Moreno, que fue un republicano y un exiliado español también y nos hemos hecho amigos y trabajamos juntos y hacemos libros también, con Pedro, que es el hijo. Bueno, entonces entré ahí a trabajar a Siglo XXI con todo este grupo de españoles, ahí conocí también a Nina y a Irina Coll, otras exiliadas, ellas estuvieron en Rusia.

Ahí mismo en Siglo XXI conocí a Laurette Séjourné era la esposa de Orfila, una antropóloga francesa, una mujer maravillosa y a Elena Poniatowska, que era quien ponía la casa, la daba gratuitamente para la aventura de la editorial siglo XXI. Así que bueno pues esa es mi formación, gracias también al exilio.

Es que el exilio español enriqueció la vida en México, Lázaro Cárdenas tuvo una visión esplendorosa cuando por su convicción da entrada al exilio, que además México fue el país que más exiliados recibió ¿no?. Chile recibió también una buena cantidad, pero no la cantidad que recibió México.

¿Cómo sigue un poco tu vida en México?

Yo tenía ganas de desarrollarme como escritora, me fui a vivir a Mérida unos años, conocí en el Fondo de Cultura a quien fuera mi primer marido, era el gerente de ventas de ahí y decidió irse a Mérida a abrir la librería del Fondo de Cultura.

Entonces ahí me fui yo también a Mérida y pusimos la librería, la trabajamos durante 10 años y llegó a ser una librería, cafetería y cineclub, un proyecto realmente muy lindo. Pero bueno tuvimos nuestras diferencias personales y yo decidí dejar la librería y empezar a trabajar por mi cuenta. Y en ese camino se me cruzó un uruguayo, exiliado y nos casamos y me fui a vivir a Uruguay, estuve en Uruguay cinco años.

Nos fuimos a vivir a Montevideo, trasladados por ACNUR, esta agencia de refugiados, estaban retornando a la gente y a mi marido le restituyeron su puesto de trabajo. Yo no podía trabajar porque llegué y quedé embarazada de mi segunda hija, Marcela, estaba la niña pequeñita y mi otra hija tenía cinco años, entonces decidí quedarme en casa. ¿Y qué hice? Pues me puse a militar en el partido comunista para ser consecuente con todo lo que yo he sido ¿no? y en el Frente Amplio, también allí.

Entonces fui secretaria de prensa y de propaganda junto con un compañero de partido, Walter, una maravilla de compañero de partido y dediqué pues por lo menos dos años de mi encierro con niños, criando niños, para la militancia política.

Hicimos cosas muy bonitas, hice un boletín para el Frente Amplio, trabajábamos para los referéndums que se hicieron para que se juzgara a todos los militares del golpe. Yo llegué el primer año que se liberó Uruguay de los militares, y estaba el país hecho realmente añicos, despedazado, saqueado.

Entonces pues me dediqué a ese trabajo y fue lo mejor que me pudo haber pasado, porque gracias a todo eso que traía yo de toda mi formación política con el exilio español, fue que se me ocurrió pues hacer un trabajo voluntario en ese sentido y fue lo que me permitió integrarme a la sociedad uruguaya. Y a la sociedad digamos con toda la gente luchadora. En la noche, mientras mi marido se quedaba durmiendo con las niñas, me iba yo a pintar bardas. Fue una época muy buena, estuve unos cinco años en Uruguay.

¿Y después?

Mira la situación en Uruguay era cada vez peor, el bache que dejó la dictadura pues les tomó por lo menos 10 o 15 años levantar cabeza ¿no?, entonces había realmente unas condiciones económicas terribles y decidir volver a México.

Mi marido regresó conmigo, pero este regreso nos provocó la ruptura de la pareja, pues él nunca se recuperó de haber vuelto, él decía que antes era un exiliado político y ahora era un exiliado económico y esa condición nunca le gustó. Hubo una buena cantidad de gente, de los exiliados uruguayos, que regresaron a su país y después volvieron a México porque ya se habían adaptado a México y la situación de Uruguay era realmente pésima, igual que Argentina y los países de ahí y que hasta la fecha sigue siendo pésima. Yo he regresado pero no te puedes quedar a vivir ahí porque no consiguen nunca estabilidad, ni política ni económica. Pero bueno mi lazo con Uruguay quedó muy fuerte.

Tengo un pedazo de mi corazón español, otro mexicano y otro uruguayo. Y además allí en Uruguay conocí a quien fuera mi maestro, el que me formó como escritora, Mario Lebrero, precisamente. Entonces después de que regrese yo a México, hice una estancia en Uruguay por mi cuenta de ocho semanas con Mario Lebrero, yo había hecho los talleres con él y me dijo que pensaba que además yo sería una estupenda tallerista y que él quería dejar escuela en ese sentido.

Entonces me becó y me fui con todo pagado a hacer una estancia de ocho semanas en Montevideo, me quedé en casa de Mario Lebrero, nos hicimos amigos del alma y del corazón y de todo.  Él me cambió la vida porque a partir de que regresé de esa estancia renuncié al trabajo que tenía, renuncié a todo y me dediqué a la literatura y dije “tengo que apostar a este trabajo, si no le apuesto a mi proyecto de literatura, voy a seguir siempre escribiendo los fines de semana nada más”.

Me fui a vivir a Querétaro pues por su cercanía con la Ciudad de México me daba más oportunidades y estando en Querétaro me fui otra vez a Montevideo a hacer mi entrenamiento como tallerista. Regresé y entonces empecé a dar talleres literarios y a escribir pero de veras.

Publiqué mi primer libro inmediatamente, mi primer libro de cuentos se titula No puedo decir noche y de ahí siguió el siguiente libro que es El mundo de lo apagado, que ya te lo daré y bueno llevó ya 12 años viviendo de mi trabajo literario.

Desde entonces doy talleres literarios, los doy de modo presencial y en modo virtual, la mayor parte de mis alumnos son argentinos y uruguayos peculiarmente porque no los busco yo, no es que yo haga publicidad o promoción allá, sino es que ellos se sienten atraídos por el tipo de trabajo que yo les presento, parece ser que ese pedazo del corazón que tengo ahí ha funcionado ¿no? 

¿En qué momento decides que tienes que venir a España y sobre todo a Cataluña? Y otra pregunta es si conocías Cataluña antes.

Mira lo que es la vida, yo siempre soñaba con venir a España por todo lo que me contaba mi madre, por la familia que algunas veces fue a vacacionar a México y cuando tuve 20 años, que yo ya tenía tres años trabajando en la editorial Siglo XXI, pues le dije a mi hermana “te invito a que nos vayamos de viaje”. Y nos venimos a Madrid, fuimos con mis primos a vacacionar a Marbella, a toda esa parte sur, a Cádiz. Y cuando yo llegué a Madrid e hicimos esos pequeños recorridos por otras zonas de España yo sentía que quería venir acá y desde ahí  siempre se me quedó la idea de volver a España.

¿Conocías Cataluña?

No, quien se enamoró de Barcelona fue Lola, mi hija. Yo cuando empecé a hacerme la idea de me voy a España, ahí voy a poder desarrollar la idea de mi trabajo, tengo que ampliar mis horizontes y bueno ya ves que siempre he tenido la idea de moverme y viajar, entonces yo había pensado irme a Madrid donde está mi familia. Y Lola, en uno de los viajes que hizo acá me dijo “mamá, tienes que irte a vivir a Barcelona”. Ella se ha recorrido prácticamente toda España y me dijo “es el mejor lugar, es un sueño, está hecho para ti además”. Y bueno, tanto me dijo y tanto no sé que y después empecé a indagar de Barcelona que si el mar y bueno platiqué con Martí Soler también, que de repente sin conocer Barcelona pues yo ya quería venirme a vivir a Barcelona y me vine aquí sin haberla conocido antes. Y yo decía bueno “¿qué es lo peor que me puede pasar? que me vaya Madrid ¿no?”.

Pero cuando llegué a Barcelona pues sí, Lola tenía razón, es una ciudad maravillosa y bueno además aquí está todo el mundo editorial y está la cultura, es una población decantada por su espíritu combativo, cultural, por la relación con los libros, por la literatura. Bueno pues trabajando en la editorial Siglo XXI por supuesto el vínculo con los editores catalanes era permanente, por ahí también conocí a Neus Expresate, que es la directora de Hera, catalana. Y pues yo creo que a uno se le va quedando un poco en el inconsciente todo ese tipo de información, información intelectual, información de corazón ¿no? y bueno pues vine aquí hace ocho meses y aquí me quiero quedar.

Tú has conocido Madrid, dime ¿recorriste el lugar donde ha nacido tu madre, en donde nacieron tus tíos?

Sí, ellos son de Vallecas, un barrio muy popular, estuve la primera vez que vine que fue en el 74, el primer viaje que hice a España y desde esa vez recorrí ese lugar, mis primos y mis tíos me llevaron. La casa exacta donde ellos nacieron no la recordaban, pero bueno recorriendo el barrio traté de imaginarme que cualquiera de esas casas podía haber sido donde nació mi madre. He vuelto, bueno Vallecas ya está bastante cambiado, ya no es una zona digamos marginal de Madrid, sino que ya está unido pero sigue teniendo su sabor ése  muy de barrio.

¿Cómo te has encontrado en Barcelona? ¿Cómo ha sido tu encuentro con los catalanes? ¿Has tenido algún problema de trabajo, de idioma, de encontrar un piso?

Claro mira es una experiencia muy fuerte, muy dura, pero aquí precisamente he conocido lo que es la solidaridad. Yo siempre dije que uno de los países donde la palabra solidaridad está sellada verdaderamente al corazón de la gente es precisamente en Uruguay, los uruguayos verdaderamente me enseñaron lo que es el valor de la solidaridad, gente que había sufrido el exilio.

Y bueno aquí me he encontrado con que particularmente los argentinos que han venido acá y que vienen con la nacionalidad, o sea gente que sus padres son exiliados españoles o sus abuelos, es la gente que se ha acercado a echarme la mano. Yo llegué y me quedé viviendo un mes y medio en casa de unos amigos argentinos donde me dieron todo, que yo jamás voy a tener con que pagarles tanto cariño, tanta ayuda material también en el sentido de recibirme en su casa.

Pero digamos que la principal dificultad que yo encontré aquí fue el poder recibir el apoyo como retornada. Eran papeles y más papeles y diez mil papeles para que me dieran el apoyo, que finalmente no me lo dieron porque un funcionario del consulado español, que ahora es el que dictamina qué se da y qué no se da en este tipo de ayudas, aquí, para mexicanos particularmente, -porque México es un país que está catalogado como un país de riesgo, y los mexicanos están catalogados como “ojo, que pueden traer papeles falsos”, y entonces nos pasan por lupa-, y bueno pasé por la lupa pero finalmente los criterios parece ser que se arreciaron y, debido a mi condición como escritora, que he trabajado siempre como freelance que decimos en México o de autónoma como dirían acá, dictaminaron que mi nivel de ingresos no podía entrar en la categoría como alguien que el estado pudiera recibir como retornado y no me dieron ayuda. Pero vamos que yo ya había decidido quedarme aquí y dije “bueno pues con ayuda y sin ayuda yo me quedo aquí”.

¿Has tenido problemas con el idioma?

Cuando recién llegué, el primer mes la pasé muy bien porque estaba refugiada con mis amigos, después el siguiente mes, yo llegue en mayo, después en junio que ya estoy en este piso, empecé a resentir un poco esa parte, y me empezó a dar un poco de miedo, yo dije bueno yo trabajo con el castellano y me vine a un lugar donde se habla otro idioma. Catalán, no entendía nada y me empecé a asustar un poco. Pero conforme fui tratando a los catalanes, bueno vivo en un barrio catalanísimo que es Gracia, que me encantó por eso, que es un barrio muy catalán, muy auténtico, muy distendido en el sentido de que, bueno el europeo es sumamente ordenado, riguroso. En fin yo venía de México donde allí es un desmadre y pues aquí se me hacía que el exceso de orden y control era espantoso. Pero bueno que aquí en el barrio de Gracia se es menos severo en ese sentido, entonces yo me sentí más a gusto en este lugar.

Y con todo, te puedo decir que aquí abajo hay un hombre que tiene un negocio de fotocopias, que es un catalán que ha sido un tipo buenísimo, no conocía yo a nadie aquí y llegaba a hacer mis fotocopias y me preguntaba “¿qué tal? ¿cómo estás?”, por supuesto en castellano, jamás me hizo una mala cara de decirme que por qué no le hablaba yo en catalán… claro, llegaba yo y le decía “bon dia”, cuando menos saludar y despedirse en el idioma del lugar donde estás, eso lo he aprendido viajando, es lo mínimo que puede hacer uno.

Pero te puedo decir que jamás recibí una mala cara, puede haber por ahí alguna excepción que ni siquiera la recuerdo bien. Jamás he tenido problemas, no siento que el idioma sea una barrera, porque finalmente Barcelona es una ciudad cosmopolita, que ha recibido montón de gente. Por ser además uno hija de, no nada más de españoles, sino de refugiados, tiene uno una categoría especial aquí.

¿Pero te reconocen como hija del exilio o te reconocen como española o como catalana?

Tengo unos amigos, es una mexicana casada con un catalán, y el hombre, Josep, es chofer del bus, es un tipo, no porque sea chofer de bus, no tiene digamos academia en el sentido así formal, pero es uno de los hombres más inteligentes que haya yo conocido aquí, es un tipo abierto es un tipo que acepta..., cosmopolita de corazón, y yo creo que esa es una condición importante aquí en Barcelona, donde podemos llegar sin que nos vean como raros.

Los vecinos me tratan de maravilla, “si necesitas algo, yo estoy en el 2-1, me puedes tocar en cualquier momento que necesites cualquier cosa”, los de arriba vienen de repente y me regalan algo. Y una vez recuerdo una mujer catalana, que apenas habla castellano, vive aquí en el piso dos y en el castellano tan marcado del catalán, me decía “¿extrañas tu país?” Y yo le decía, bueno que claro, extraño un poco a mi país y a mi familia, pero que yo quería vivir acá y me decía “no te preocupes, vas a encontrarte muy bien acá y eso de extrañar se va pasando, es como una enfermedad de la que te vas curando poco a poco”. Bueno nunca tendré con qué agradecerle esas palabras a esa mujer.

Tú has dicho anteriormente que estuviste militando en el partido comunista, piensas aquí militar en algún sindicato bueno algún partido o has dejado de lado ya la política.

Mira todavía hasta hace poco estuve haciendo esfuerzos para hacer algún trabajo político en México, pero es un desastre, ya no tengo ni a quién irle. Pero aquí, yo voto por el PSOE,  mi hermano el de Murcia es comunista, él dice, no, yo voto PC. Entonces, él también me preguntó “¿qué piensas hacer?” Y le dije que necesito conocer un poco más y ya con un poco más de información poder entrar en algo, porque políticamente yo siempre he sido una mujer de actividad política.

Pero bueno, el llegar aquí, el instalarme, el poder hacerme un lugar como escritora, el ir consiguiendo trabajos, yo sigo trabajando de manera autónoma como siempre ha sido, todo esto ha absorbido mi tiempo tremendamente. Espero, en cuanto tenga un poco de estabilidad y un poco más de tranquilidad emocional, empezar a mirar y atender mi pedazo, mi parte política.

Desde el momento que llegaste a Barcelona hasta este momento ¿Qué es lo que más valoras de  vivir en Barcelona?

¿Qué piensas sobre la memoria histórica?

Mira es algo muy importante, fíjate que el fenómeno de ser hijos de la gente que vivió la guerra, nos marca ¿no? No es igual una persona que no tiene ningún nexo con una lucha como la que dieron los republicanos españoles y cómo marcó sus vidas y cómo nos marca a nosotros la vida, ser hijos de…

¿Qué ha significado para ti ser hija y nieta de gente del exilio?

Muchas gracias

     
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