Hijos y nietos del exilio republicano
 
 

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Margarita nació en Buenos Aires, Argentina, el 24 de diciembre de 1946. Hija de padre argentino y madre catalana.

Sus padres fueron Felipe Martinez Juan y Josefa Bernat Bernat. Los abuelos paternos, Felipe Martinez y Margarita Juan Castelló, y los maternos Dionisio Bernat Vañó y Josefa Bernat Ureña.

Sus hermanos, José María y Felipe, nacidos en Barcelona en los años 1930 y 1937, respectivamente.
 

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La nacionalidad argentina de Felipe, su padre, producto de haber nacido durante un viaje por Sudamérica, pero residente en Barcelona desde siempre, le permitió viajar con su familia a Argentina, una vez terminada la Guerra Civil. Antes desarrolló sus estudios en Barcelona, colaboró con la CNT  y defendió la República, hasta tomar la decisión de emigrar con su esposa , hijos y  madre.

Una vez allí, desde su consultorio de odontólogo, continuó con la defensa de sus ideales, con la formación del PEAVA , patronato español de lucha antifascista que
proporcionaba ayuda económica a los españoles internados en campos de concentración.

Margarita regresó a Barcelona en el año 2003, dónde reside desde entonces.


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Margarita va néixer a Buenos Aires, Argentina, el 24 de desembre de 1946. Filla de pare argentí i mare catalana.

Els seus pares van ser Felipe Martinez Juan i Josefa Bernat Bernat. Els avis paterns, Felip Martinez i Margarita Juan Castelló, i els materns Dionís Bernat Vañó i Josefa Bernat Ureña.

Els seus germans, José María i Felipe, nascuts a Barcelona en els anys 1930 i 1937, respectivament.

La nacionalitat argentina de Felip, el seu pare, producte d'haver nascut durant un viatge per Sud-amèrica, però resident a Barcelona des de sempre, li va permetre viatjar amb la seva família a l'Argentina, un cop acabada la Guerra Civil. Abans va desenvolupar els seus estudis a Barcelona, va col.laborar amb la CNT i va defensar la República, fins a prendre la decisió d'emigrar amb la seva esposa, fills i mare.

Un cop allà, des del seu consultori de odontòleg, va continuar amb la defensa dels seus ideals, amb la formació del PEAVA, patronat espanyol de lluita antifeixista que
proporcionava ajuda econòmica als espanyols internats en camps de concentració.

Margarida va tornar a Barcelona l'any 2003, on resideix des de llavors.

Entrevista

Margarita, dinos tu nombre y tu lugar de nacimiento.

Me llamo Margarita Martínez Bernat y nací en la Argentina el 24 de diciembre de 1946.

¿Margarita, tienes conocimiento de la historia de tus padres y de tus abuelos en la época de la guerra civil y del exilio?

Mi padre era argentino y a los dos meses, mi abuela lo regresa aquí a Barcelona. Mi madre era catalana, ellos se casaron y tuvieron dos hijos catalanes y pasaron la guerra aquí, jovencitos, con todos sus problemas. Mi padre por ser argentino pudo, cuando terminó la guerra, salir con pasaporte argentino, con su mujer y sus hijos. Y después, al año, creo, llamó a su madre y mi abuela viajó para la Argentina también porque tenía alguien que la reclamaba desde allá.

Cuéntanos un poco de la vida de tus abuelos.

Mi abuelo, el padre de mi madre, tenía una fábrica de zapatos en Barcelona. También sé que la pasaron muy, muy mal. Mis hermanos nacieron en plena guerra, el mediano sobre todo nació en plena guerra, el otro ya tenía 8 o 6 años. Mi abuela, la madre de mi padre, trabajaba, estaba sola porque su marido se había ido a Cuba y tenía que trabajar para ganarse la vida.

La abuela Margarita

¿Había ido a Cuba a trabajar?

Sé que con unas máquinas o algo, por el azúcar y mi padre no supo más nada de su padre hasta que alguien le comentó que estaba enfermo. Entonces mi padre se conectó con el consulado cubano o con la embajada cubana, empezó a pedir datos y logró encontrar al padre y lo trajo. Le pagó el pasaje para traerlo porque estaba muy enfermo, a pesar de que mi abuela se resistía porque sentía que su marido la había dejado. Mi padre hizo todo lo posible y lo trajo a Barcelona y vivió poco tiempo aquí, creo.

Y mis otros abuelos, bueno yo no los conocí, yo conocí a mi abuela paterna, pero mis abuelos maternos los conocí por carta.

¿Sabes cómo salen? ¿Por qué motivo van primero a Argentina?

Mi abuela, yo no sé en ese momento que todavía estaba en matrimonio con el abuelo, qué tenía que hacer allá, no sé. Sé que se fueron y que nació mi padre, en un barrio bien porteño que es San Telmo, allá en Buenos Aires y que vino de muy pequeño. Ahora, toda la vida yo lo he oído hablar a él cuando hablaba de Barcelona, que era su tierra también. O sea era argentino y no renunció nunca pero su vida, su infancia… (¡Ay!, no me quiero quebrar)…su vida, su infancia, siempre la recordaba, hasta que logró volver a los setenta y pico de años.

¿Tu padre qué edad tenía cuando fue la guerra?

El tenía 38, 39 años, cuando lo devolvieron.

Impuesto de cédulas personales

¿Tú sabes si tus tíos estuvieron en algún campo de concentración cuando salieron?

Al hermano de mi padre lo mataron cuando tenía 22, 23 años, murió en la última batalla que hubo en Barcelona. Bueno, mi padre no participó de la guerra porque era argentino, pero igual siempre estaba conectado con gente republicana. Mis tíos por parte de mi madre estuvieron en el frente pero no estuvieron en campo de concentración, estuvieron en la lucha.

¿Y salen también ellos?

Sí, pero después. Este tío que se llama Joaquín, que era hermano de mi madre, yo creo que pasaron unos 8 años hasta que fue al Argentina, pero no sé cómo salió.

Entonces salen a Francia, y ¿se quedan algún tiempo en Francia o se van pronto?

Yo sé que mi tía, la esposa de mi tío que viajó, fue por los Pirineos. Ella siempre contaba que había tenido que caminar por la montaña y llegar a Francia porque tiene un hermano en Francia. Pero después ¿cómo llegaron a Argentina? Sé que mi tío llegó en avión, cosa que era de los primeros aviones que iban a América porque mis padres fueron en barco, pero él fue en avión. Y de mi tía no sé, ya no viven ellos.

El "San Antonio"

Y entonces salen tus padres…

Mis padres salen con mis hermanos, los cuatro, vienen en el barco a Buenos Aires con una conexión de alguien que los iba a ir a buscar, que era de origen Valenciano, Vicente Maíkes, se llamaba el que lo fue a buscar. Le buscó casa, donde vivir, lo ubicó a mi padre. Mi padre era odontólogo y bueno, poco a poco, estudió aquí en Barcelona…

¿Se casa aquí?

Se casa aquí.

¿Cómo conoce a tu madre?

Porque vivían en la misma casa, creo que es como estas casas en donde son muchas habitaciones y van dos familias a vivir. Yo supongo que habrá sido así porque hay cosas que las conozco ahora, con mi padre a lo mejor no lo hablé en su momento o con mi madre. Y entonces se conoció con mi madre viviendo en la misma casa, conociéndose las dos familias. Y así mi padre se enamora de mi madre y se casa con ella cuando eran muy jovencitos. Mi madre se casó a los 19 años, mi padre tenía 22 y en seguida nació mi hermano mayor. Ellos se casaron en el 29 y en el 30 nació mi hermano y el otro nació en el 38.  Y luego se fueron al Argentina, y ya te digo, después de estar un año, creo o dos años, llama a su madre, que también se llama Margarita, (de ahí mi nombre), para que vaya para allá.

Sus padres: Felipe y Pepita

Y fue cuándo naces tú.

Yo nazco allí.

Tú tienes conciencia o tienes idea de cómo sufrieron ellos el hecho de ser exiliados en Argentina

Claro, mira mi padre participó cuando llegó, fue presidente del P.E.A.V.A era una asociación para ayuda de los republicanos en el exilio. El era el presidente y yo tengo unos recortes de cuando él escribía y de las reuniones que hacían para juntar dinero para mandar aquí a los que estaban necesitados, ¿no? Así que, toda la gente que yo recuerdo que mi padre tenía en el consultorio o que venían a mi casa, uno dice ¡todos hablaban el catalán!, eran todos republicanos como él. Todo el mundo va buscando ¿no?…


Piensas que él pensaba con volver siempre. ¿O finalmente se acostumbró?

Sí, porque finalmente mis hermanos se casaron, hicieron sus familias allá, no, no,  volver ya no, mi padre…, bueno, menos estando Franco, eso desde ya. Él dijo, si alguna vez vuelvo…, igual que mi hermano mayor lo mismo, el día que volvió mi hermano mayor, Franco ya había muerto, pero sino, no tenía ninguna intención de volver. Pero, siempre recordó estas tierras con mucho cariño y bueno, fue su infancia, su adolescencia.

¿En tu casa se juntaban la gente republicana…?

Los amigos de mi padre…

Hablaban de cosas de la guerra, del exilio, hablaban de política.

Supongo que sí, pero yo era muy pequeña, imagínate que yo tendría, cuando yo tomaba consciencia de esto debía tener unos 6, 7 años, supongo que sí. La que más hablaba era mi abuela, a la que yo oía contar las anécdotas. Incluso mi abuela aquí era muy católica, cuando pasó la guerra juró y perjuró que nunca más entraba en una iglesia.

● "Español Antifascista" de Felipe Martinez (PDF)

¿Y lo hizo?

Y lo hizo, ella fue a Buenos Aires, a la Argentina y se hizo evangelista y recuerdo que mi hermano contaba siempre que cuando iba con mi abuela por la calle, rogaba que no se apareciera ningún cura, porque donde mi abuela veía un cura empezaba “¡agrr….r!” los gritos y a … no te digo insultarlo, pero… y él decía: “¡ay, yaya! ¡pero por favor, cállese, cállese, no diga nada!”. Porque a mi abuela le salía, claro,… había perdido su hijo de veinte y pico de años y entonces le florecía todo el odio.

¿Y tu abuela también asumió el exilio o quería volverse para acá?

No, no, ella fue a vivir con su hijo y vivió en casa hasta que se murió, vivió con nosotros, no, para volver no.

Ahora cuéntanos cómo era cuando eras un poco más grande, un día que ibas a la escuela, qué lugares visitabas, quiénes eran tus amigos, cómo eran tus amigos.

Bueno, aunque parezca una contradicción, yo estudié la primaria, que decimos nosotros, en un colegio privado y la secundaria, te digo que es contradictorio, en un colegio de monjas. Mi padre decía, “bueno tú vas a ir con la condición de que vas a mantener la distancia”. Estaba cerca de casa, entonces decía “por eso acepto que tu vayas pero siempre con la distancia debida de que nada de cosas religiosas”, pero bueno me dejó a mí decidir qué es lo que yo quería.

Y bueno, mis amigos, todos se pensaban que mi padre era español por el acento, porque mi padre siempre conservó el acento español, entonces venían y decían, “¡Ay! ¿Usted es español?” Y él, “no, soy argentino”, decía. Pero cómo, “si usted habla…” y él, “sí, sí, yo hablo así porque yo no he querido perder el acento, pero yo no soy español”. En cambio mi madre, bueno mi madre también, hablaban el catalán. Yo, el catalán si quiero lo hablo, sucede que lo tengo que pensar mucho  para elaborar las oraciones…

Margarita con sus padres y hermanos

¿Tus papás hablaban en catalán?

Sí, en casa mi hermano, mi mamá y mi padre, mi hermano mayor, hablaban catalán siempre.

¿A ti te hablaban en catalán?

Si señor, por eso lo entiendo todo, escucho hablar y digo, hablen porque yo lo entiendo. Si lo quiero hablar tengo que hacer un esfuerzo pero lo hablo también.

¿Tenías amigos de hijos del exilio?

 No, no allá eran todos argentinos, nacidos allá.

¿Había casal argentino? ¿Llegaste a ir tú o tus hermanos al Casal Catalán?

¿Qué estudiaste?

Estudié psicología social sin ser universitario, pero son cinco años, donde trabajé con grupos, porque la psicóloga social es la que conduce grupos, no es la terapia individual. Y trabajé en lo que allá en Buenos Aires se llaman Villas Miserias que son los lugares en donde vive la gente muy pobre. Trabajamos con abuelos, con gente muy mayor, reuniéndonos una vez por semana, haciéndoles hacer juegos, enseñándoles a cocinar pan, en fin, que tuvieran un espacio en donde pudieran poder pasar un  rato agradable dentro de su vida. Muchos inmigrantes también, había gente de Paraguay, gente de Perú, gente de Chile, pero gente sin recursos.

Recuerdas si tu papá estaba ligado con alguna cuestión política de aquí de España o de allá de Argentina.

No, no, yo sé que sus ideas siempre fueron de libertad, pero no, no estaba ligado a ningún grupo.

¿Y después de estudiar cómo ha seguido tu vida?

Y después de estudiar… bueno, trabajaba en las Villas, cuando nacieron mis hijos dejé de trabajar, trabajaba en una editorial donde conocí a mi marido, y cuando nació mi hijo dije no, no podía dejarlo en una guardería. Recién empezaban las guarderías allá, en Buenos Aires, mi hijo mayor tiene 35 años. Entonces yo consideraba que dejar a mis hijos en manos de otra persona era una barbaridad, si yo era madre era para quedarme a cuidarlo, yo. Y mi marido me dijo, viviremos con un sueldo, ¿estamos de acuerdo? Estamos de acuerdo, así que ahí me quedé. Y esto es una anécdota también que mi hijo cuando era mayor, me decía, “¿y tú no trabajas? Todas las mamás trabajan y tú no” Y yo le decía “pero hombre, pero yo me quedé para estar contigo y con tu hermana, para llevarlos a pasear, para contarles cuentos”, pero él “¡Ah! Es que todas trabajan y ¡tú eres como la reina de la casa porque tú no trabajas!” Y bueno, como anécdota.

Antes de casarte, ¿cómo era la gastronomía en tu casa?

Europea, en mi casa se comía mucho arroz, se comían porotos, garbanzos, lentejas, mucha comida española, la paella, mi abuela hacía unas paellas descomunales, después aprendió a hacerla mi cuñada, la mayor. Y yo dije, yo no puedo, me voy a morir sin hacer la paella, así que mi cuñada de origen italiano me enseñó la receta de la paella, y yo hago la paella. Mis hijos comen.

¿También comían cosas típicas de la Argentina?

Sí, la carne sí. Éramos… somos, bueno aquí no pero cuando uno va a la Argentina se convierte en un carnívoro, el asado, el bife, que uno dice bueno pero está el pescado, pero no, el pescado lo como cuando estoy acá en España, no carne. Pero la dieta mediterránea está, mi abuela cocinaba como veo que se come aquí.

Cuando te casas ¿haces un cambio radical de comida?

No, la he hecho aquí, porque aquí carne como muy poca carne, comemos más pescado, mariscos, arroz y bueno uno extraña un poco la carne, pero se puede vivir tranquilamente, no hay problema.

En un momento dado ¿por qué decidieron venir a vivir a Barcelona?

Bueno, mi marido tiene su abuela española y siempre fue su deseo el venir a vivir a España, ver  la tierra de los abuelos, hasta que un día dijo, bueno la Argentina está tan, tan mal, que un día me dijo “mira yo tengo ganas de ir, ¿te vienes?” Los chicos ya eran grandes y yo me decía y si no te vas, el día de mañana siempre queda pendiente esa materia que no se dio, pues nos vamos y empezamos a hablar y a preparar, sin saber lo que íbamos a hacer.

Llegamos aquí, fui a casa de mi prima en la colonia Güell, nos dio alojamiento y ahí empezamos a buscar. Que qué hacemos, que qué no hacemos y dijimos bueno vamos a poner un restaurante, en donde uno pueda invertir, pueda ser el dueño y empezamos a buscar, vinimos de casualidad a Sitges y tuvimos un restaurante aquí en Sitges, enfrente del mar. Trabajamos casi tres años hasta que dijimos basta, esto es una locura, estamos dejando el alma y vida aquí, porque era sábados y domingos, fiestas, siempre presente, presente y presente. Y hasta aquí, bueno lo vendimos. Un restaurante argentino.

Margarita con su marido Armando

Cuando tú llegas a Barcelona tenías una idea de cómo era Barcelona, de la que contaban y ¿qué pasa con la que te contaban y con la que te encontraste?

No, no tuve ningún problema de adaptación, mucha gente dice pero “¿te adaptaste?”, pues yo toda la vida escuché hablar de aquí, de la gente. A lo mejor, a medida que pasó el tiempo, uno va conociendo más al catalán y a lo mejor va tomando más distancia y va criticando más cosas. Al principio todo es hermoso, todo es bárbaro y después uno ‘bueno pero no, pero mira estos tienen esto, que si este o tal defecto’, pero yo me adapté perfectamente, pues en mi casa se vivía como se puede vivir aquí.

Ya habías venido antes, o sea que ya tenías una idea de España.

Sí, sí, algo que te puedo contar también como anecdótico, yo tenía un tío, hermano de mi madre el único vivo que quedaba viviendo en Barcelona, yo lo había conocido en Buenos Aires en el 80 y pico y no lo vi más hasta que no volví y cuando volví tenía la misma cara de mi madre, pero mayor, y me dio una impresión, que mira, yo lloraba, le decía pero “es que no te puedo mirar, no te puedo ver porqué eres la cara de mi madre”, me dio un impacto tremendo.

Pero bueno conocí a mis primas hermanas que no conocía, que tú te encuentras y dices mira tenemos los abuelos en común, tenemos muchas cosas de familia que contarnos, y porque éste era así, y porque el otro era así y te encuentras, que dices ¡ah! estas cosas las tenías totalmente anuladas, la parte de familia española. O sea tenía mis hermanos allá, pero te encuentras con que ¡ay! mira tal persona habla como habla fulana y que si esto y aquello, y eso es muy impactante también.

¿Tu adaptación cómo fue? Tú dices que te encontrabas bien pero fue fácil la relación con los catalanes, consiguieron trabajo bien, tuvieron problemas.

No porque tuvimos el restaurante, antes de venirnos fuimos al Casal de Cataluña en Buenos Aires para reforzar el idioma, sobre todo mi marido, porque yo lo podía entender todo pero para él era todo nuevo, entonces fuimos a hacer prácticas de catalán antes de venirnos y entonces él ahora lo sabe hablar y si queremos ahora, en broma, tener una conversación en catalán entre los dos lo hacemos, él entiende perfectamente todo. Mi hija igual, mi hija no sabía nada de catalán y el tiempo que estuvo aquí trabajando lo aprendió perfecto, no lo habla pero si lo entiende todo. Así que no es tan difícil. Mi prima me dice que es una vergüenza que estás aquí, el tiempo que llevas y que no hablas en catalán, pero a mí me es más fácil manejarme en el castellano.

Y decides venir a Cataluña porque ya tenías idea desde Argentina o porque fue lo que más les gustó.

Sí, fue con lo que más nos identificamos, bueno por la familia, como que uno se siente más identificado aquí que en otro sitio, pero el que más influyó fue mi marido para quedarnos aquí y buscar el sitio, fue él.

¿Qué ha sido para ti ser hija de exiliados?

Fuerte, fuerte porque tener los padres que han pasado una guerra, y que te cuenten las cosas que pasaban y mis hermanos tan pequeños, y después ver las películas que uno ha visto, porque hay veces que ellos hablan pero a lo mejor guardaban cierto pudor de no contar todo lo grave que había sido. Y uno dice Dios mío, que tremendo, que infancia más…, mi hermano mayor, qué infancia tan brava y tan dura. Porque bueno ellos vivían en el centro de Barcelona, estuvieron en la calle de Rocafort, luego en la calle Provenza y cuando sonaba la sirena, de que venían los aviones, las bombas, salían todos corriendo, se iban a los refugios que habían en las esquinas me contaban y se pasaban allí las horas que se pasaban.

O por ejemplo mi abuela que tenía que hacer las colas para conseguir comida. Y eso que mi padre contaba con un dinero, no era de esas personas… porque yo me imagino que había gente que no tenía ni cómo comer porque no tenía trabajo, mi padre por suerte tenía sus medios, y podía comprar alimentos para su familia. Tenían que hacer las colas o ir, no sé, hasta qué distancia para poder conseguir alimentos que si las lentejas, o lo que había que comer, el arroz. A veces me decía “¡ay lentejas, no, no! ¡No me hables de las lentejas que he comido tantas lentejas en mi vida, que ya no las puedo ver!”

Pero bueno, duro, muy duro, la verdad es que cuando uno piensa lo que han pasado. Mi hermano también, ellos vivían en una casa que bueno en aquella época no había ascensores. El mayor, cuando fue la época de la guerra tenía unos seis años o cinco y me decía el temor, el miedo que sentía entre subir las escaleras hasta el piso porque a lo mejor lo agarraba en la calle las sirena y tenía que subir corriendo a su casa o bajar de su casa y todo oscuro y el miedo que le provocaba todo eso, o están los túneles, los refugios, cosas que uno dice “¡Ay Dios mío! qué vida más diferente que le ha tocado, que infancia”. Incluso a veces uno ve que los problemas que pudo haber tenido mi hermano, no era violento, pero sí era muy explosivo, a veces digo bueno no sé si todo esto viene de su época de la guerra, que por algo los marca tanto a los niños cuando son pequeños.

¿Y tu hermano nunca volvió?

El mayor sí, sí volvió, la primera vez fue cuando sacamos el pasaje a mi padre para que viniera, el que no quería saber nada fue el de en medio, el decía no yo no, yo no voy. Pues bueno, ése de en medio tiene a su hijo en Viena y por supuesto cuando el hijo vino  a Viena él vino a ver al hijo y entonces hizo su paso por Barcelona y no te quiero contar cuando volvió de su primer viaje de Barcelona, lo que ha llorado, y lo que ha dicho, porque se encontró con su tierra, se fue a la casa donde nació, tocó el timbre preguntó si podía entrar a ver la casa. Le dije “¿has visto?”  y dijo “ay por Dios nunca pensé que me iba a emocionar  tanto volver” y eso que él tenía dos años, o sea que no podía recordar, pero de lo que le habían hablado, de lo que había vivido, fue una emoción tremenda, después vino también, estuvo en Sitges, pero bueno son experiencias de vida muy fuertes, realmente muy fuertes.

¿Cuándo viniste aquí hiciste una búsqueda de tus orígenes, de tu familia?

Mira, quedamos en que con mi prima íbamos a ir a Valencia, que iríamos a buscar el sitio en donde nacieron los abuelos, yo hice una pasada por Valencia, pero venía a Barcelona y mi objetivo era llegar aquí, así que estuve un día y medio en Valencia, pero siempre quedó pendiente esto, de decir mira nos vamos ir a ver los lugares en donde nacieron los abuelos, todavía no lo hecho, todavía me falta.

A parte de lo que nos contabas de cómo había sido el pensamiento tuyo de la guerra y de tus hermanos, ¿en tu persona cómo te ha impactado ser hija de exiliado?

Dices que tu mamá no volvió.

No, murió sin volver.

¿Tus hermanos volvieron, después de que murió Franco?

Sí, si el mayor volvió después de que murió Franco. Él intentó trabajar aquí, era odontólogo y como mi tío también era odontólogo llegó un momento en que dijo “mira me voy a ir a España y voy a trabajar un tiempo como para hacer un ahorro de dinero y luego vemos”, porque él ya tenía a sus hijos y a sus nietos. Pero vino a Barcelona y no pudo, extrañaba, extrañaba y extrañaba, vino de tres a cuatro meses nada más y se volvió, no pudo y eso que él era catalán, pero es que no pudo. Yo llevo aquí casi siete años y digo “¿cómo se habrá sentido José para tener que dejar todo y decir me marcho y me vuelvo a casa?”

¿Cómo fue el viaje de regreso de tu padre?  ¿Qué pasa cuando el viene a Barcelona?

¡Ag! Mira, prácticamente lo pusimos en el avión, le dijimos “mira aquí está el billete y te vas”, sólo, yo tenía entonces los hijos pequeños y claro si no, yo lo hubiera acompañado pero no se dio y económicamente tampoco podía. Así que lo mandamos,  lo fue a buscar la familia al Prat y yo me imagino, me imagino lo que habrá sido ese reencuentro. Después viajó también a Valencia a ver a la gente que quedaba, porque muchos ya habían fallecido y después volvió a Barcelona y lamentablemente su salud… tomó un virus pulmonar, entonces empezó a sentirse mal y no sabían lo que era, pero claro él tenía ganas de salir pero se cansaba, se agitaba mucho, hasta que claro, volvió. Y yo digo qué lástima porque no pudo disfrutar los últimos días, él estuvo como un mes o mes y medio, pero no pudo disfrutar como él hubiera querido. Ya mi padre era grande, tenía 70 y pico de años, pero bueno, lamentablemente no terminó el cierre de hacerlo como hubiéramos querido, pero bueno fue muy fuerte para él, fue tremendo y gracias que lo pudo hacer, porque yo pienso que ya después se enfermó, quedó en silla de ruedas y yo digo por suerte le hemos mandado y ha vuelto a ver su lugar, sus tierras de pequeño, la gente y bueno uno siente la satisfacción también.

¿Tú has pensado regresar a Argentina?

Si, lo he pensado, mi hija quiere hacer una familia y tener hijos y entonces le digo a mi marido “y bueno, ¿qué hacemos?”, trabajar no trabajamos, esto es hermosísimo, me siento muy a gusto, muy tranquila, pero mis hijos están allá.  Cuando yo estuve allá dos meses, me dije “¿qué estoy haciendo en Barcelona?”

Margarita con su hijo Pablo

Porque mi hijo es el que quería venir a vivir aquí con esto de la ley de los nietos de exiliados, que les iban a dar la nacionalidad. Entonces le dije “bueno espera a que te den los papeles y entonces cuando te den los papeles te vienes” y resulta que como mi madre se casó con mi padre y mi padre era argentino, ¡las leyes franquistas que todavía están en vigencia, no le permiten reconocer a mi madre como española!. Cosa que yo me enteré ahora, ¡que mi madre se murió sin saber que la consideraban argentina!. Entonces le dicen a mi hijo “no, si su abuela es argentina” , “pero ¿cómo que mi abuela es argentina?” “y sí, se casó con un argentino y perdió la nacionalidad.” “Pero, por favor, si mi abuela tuvo que exiliarse, mi abuelo también, porque si no, no sé lo que les hubiera pasado, tuvieron que irse a la Argentina”. “Ah, no” Y no le han dado los papeles. Entonces se quedó allá con un enojo total y realmente yo no lo podía creer, qué pasaba, que todavía estuvieran en vigencia ciertas leyes. Porque si tú dices bueno es que hay mucha gente que quiere venirse pero no es así, no son tantos, por lo menos en Argentina no son tantos los que quieren venir aquí a trabajar y ocupar un sitio, a lo mejor. Y él apeló y quedaron que bueno que ya le iban a responder, pero no…

Entonces tú dices, mi hija que optó por irse, él que no puede venir, yo tengo 63 años y dices bueno ¿qué hacemos? y ahí estamos… viendo. Y mi marido dice “bueno tú me acompañaste cuando yo quise venir, ahora yo te acompaño a volver si tú quieres volver también”, están los hijos allá, mi hija quiere tener hijos y entonces tú dices “y yo ¿qué hago?” Vamos a ver.

Margarita y su hija Cecilia

Margarita ¿qué piensas de la memoria histórica?

Te quería preguntar si aquí sientes que la gente te identifica como hija de exiliada.

No, no…  yo les cuento de mi padre, que mi padre se fue con mi madre, pero bueno si yo no lo cuento, no,…, es decir aquí estamos en contacto con otros argentinos, aquí en Sitges hay una colectividad argentina muy grande. Mientras tenía el restaurante estaba con más catalanes, pero ahora es cómo que… no te preguntan, eres argentina, y “¿cómo estás? y ¿qué haces?” pero es historia pasada… O también porque hay muchos argentinos que han venido también huyendo y tú no sabes, porque tú tampoco preguntas, están aquí desde hace 30 años y dices ‘ah, 30 años, es justo la época de los militares’, que sé que han tenido problemas, pero si no sale de ellos contarlo, tú respetas el silencio y bueno, tampoco me preguntan a mí.

¿Hay algo más que quieras contarnos?

No que yo sepa, he dicho todo cuanto sentía.

     
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