Hijos y nietos del exilio republicano
 
 

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Robert Ferrer Chaler nació el 1947, a Djelfa (Argelia), hijo de exiliados republicanos catalanes.

Sus padres Joan y Conxita vivían en Terrassa. Joan Ferrer Sales era hijo de Morella dónde nació en 1913 y Conxita de Terrassa dónde nació en 1914. Joan y  Conxita se casaron pocos días después de estallar la guerra civil. Esto los trajo a anular el viaje de bodes de una semana que tenían previsto hacer en Mallorca.

Joan era ajustador y Conxita era modista. Durante la guerra civil  Joan se hizo militante de la FAI y trabajaba en “Can pistolas” nombre que se había dado a la fábrica metalúrgica Turu S.A., que al ser requisada pasó a fabricar armamento.

 

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BLOG

MEMORIAL DEMÒCRATIC


CORREO ELÉCTRONICO

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Al final de la guerra, y separadamente  Joan y Conxita se exiliaron.  Conxita sufrió el bombardeo de Figueras yendo a pie por la carretera de Peralada fue a parar al Campo de Argelès. No está claro , Joan no quiso hablar nunca jamás de la guerra- como   Joan fue a para a campo de Brams y posteriormente al de Vernet, la pareja queda separada durante unos cuantos meses y pueden intercambiar correspondencia pasándose cartas a través de amigos comunes. La madre es enviada a un pueblo cerca de Saint-Etienne, es acogida por una familia francesa que la aloja y la alimenta durante muchos meses, a cambio de sus trabajos de modista

 El padre es enviado de un campo a otro, pasa unos meses cerca de Lyon en un campo de trabajo (sacar la nieve de las carreteras), es enviado al campo de Vernet (cerca de Toulouse) y de allá, como la mayoría de quienes se encontraban recluidos, es enviado ea Argelia en un barco que salía  de Puerto-Vendres. en Argelia, pasa 2 años en el  campo de concentración de Djelfa, un campo especialmente duro del sur. Las condiciones de este campos se encuentran descritas en el poemari de Max Aub “Diario de Djelfa”

. Al final de la guerra mundial Joan es liberado del campo argelino y no teniendo ninguna posibilidad de volver en España, ni tampoco ningún medio económicos de ninguna clase para salir de Argelia decide quedarse  y es ahí dónde  Conxita va a reencontrarlo. Viven en Djelfa durante unos años el padre haciendo de mecánico con un amigo compañero del campo de concentración, reparando coches y camiones.

En 1947 nace en Robert. El 1957 nace Nativitat, la hermana. Pasan la guerra de independencia (1954-1962) de la que se mantienen completamente al margen como personas de nacionalidad española, esperando poder volver a Cataluña tan pronto como sean autorizados para la obtención de un pasaporte de parte del Consulado de España en Argel.

En 1962, vuelven a Terraza por razones familiares: los padres deConxita, enfermos, piden que la hija los acompañe   en sus último días; los padres de Joan estaban muertos.

 Robert tiene cerca de 15 años y cuando llega, sin ningún dominio de la lengua, se debe poner a trabajar como aprendiz de mecánico - no hay ingresos en la familia que le permitan continuar sus estudios secundarios- . Nativitat entra en el parvulario del barrio.

Joan muere en 1974, a los 61 años, de un cáncer de estomago después de años de úlcera contraída en el campo de Djelfa.  Conxita muere en  1997 a los 83 años. Joan y Conxita vivieron la vida que estos años de conflicto les permitió. Ningún margen para  un proyecto, poco margen para la felicidad.

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Robert Ferrer Chaler va néixer el 1947, a Djelfa (Algèria), fill d’exiliats republicans catalans.

Els seus pares Joan i Conxita vivien a Terrassa. Joan Ferrer Sales era fill de Morella on va néixer el 1913 i Conxita de Terrassa on va néixer el 1914.

En Joan i la Conxita es van casar pocs dies després d’esclatar la guerra civil. Això els va portar a anul·lar el viatge de bodes d’una setmana que tenien previst fer a Mallorca. En Joan era ajustador i la Conxita era modista.

Durant la guerra civil en Joan es va fer militant de la FAI i treballava a “Can pistoles” nom que s’havia donat a  la fàbrica metal·lúrgica Turu S.A., que al ser requisada passà a fabricar armament.
Al final de la guerra, i separadament en Joan i la Conxita es van exiliar. La Conxita va patir el bombardeig de Figueras anant a peu per la carretera de Peralada Va anar a parar al Camp d’Argelès. No està clar –en Joan no va voler parlar mai més de la guerra- com en Joan va anar a para a camp de Brams i posteriorment al de Vernet. La parella queda separada durant uns quans mesos i poden intercanviar correspondència passant-se cartes a través d’amics comuns. La mare es enviada en un poble prop de Saint-Etienne, és acollida per una família francesa que l’allotja i l’alimenta durant molts mesos, a canvi dels seus treballs de modista.

El pare es enviat d’un camp a l’altra, passa uns mesos prop de Lyon en un camp de treball (treure la neu de les carreteres), és enviat al camp de Vernet (prop de Toulouse) i d’allà, com la majoria dels qui s’hi trobaven reclosos, és enviat a Algèria en un vaixell que sortía de Port-Vendres. A Algèria, passa 2 anys al camps de concentració de Djelfa, un camp especialment dur del sud. Les condicions d’aquest camps es troben descrites en el poemari de Max Aub “Diario de Djelfa”. Al final de la guerra mundial en Joan és alliberat del camp algerià i no tenint cap possibilitat de tornar a Espanya, ni tampoc cap mitjans econòmics de cap mena per sortir d’Algèria decideix quedar-s’hi on la Conxita va a retrobar-lo. Viuen a Djelfa durant uns anys el pare fent de mecànic amb un amic company del camp de concentració, reparant cotxes i camions. En 1947 neix en Robert. El 1957 neix Nativitat, la germana. Passen la guerra d’independència (1954-1962) de que es mantenen completament al marge com a persones de nacionalitat espanyola, esperant poder tornar a Catalunya tant aviat com els hi sigui autoritzats l’obtenció d’un passaport de part del Consolat d’Espanya a Alger.

El 1962, tornen a Terrassa per raons familiars: els pares de la Conxita, malalts, demanen que la filla tingui  cura dels seus darrer dies; per l’altra banda, els pares d’en Joan ja són morts.

Robert té prop de 15 anys i quan arriba, sense cap domini de la llengua, s’ha de posar a treballar com a aprenent de mecànic - no hi ha ingressos a la família que li permetin continuar els seus estudis secundaris- . Nativitat entra en el parvulari del barri.

En Joan mor el 1974, als 61 anys, d’un càncer d’estomac després d’anys d’úlcera contreta en el camp de Djelfa. La Conxita mor el 1997 als 83 anys. En Joan i la Conxita van viure la vida que aquests anys de conflicte els va permetre. Cap marge pel projecte, poc marge per la felicitat.

Entrevista

¿Nos puedes dar tu nombre por favor y tu lugar de nacimiento?

Sí, me llamó Robert y he nacido en Djelfa en 1947. Djelfa es un pueblo, era un pueblo, del sur de Argelia al límite con el desierto, a 350 Km. de Argel, al sur de Argel.

¿Tienes idea de cómo pasaron tus abuelos o tus padres la guerra civil y el exilio? Nos los puedes contar un poco por favor.

Sí, bueno esto tiene más que ver con mis padres que con mis abuelos porque mis abuelos se quedaron aquí. Mis padres se casaron en julio del 36, pocos días después de estallar la guerra y tenían previsto un viaje de novios a Mallorca. Mi padre era tornero en una fábrica metalúrgica en Terrassa y mi madre era modista, iba por las casas a hacer costura y entonces tuvieron que anular su viaje a Mallorca porque la guerra lo impedía.

Mi padre se encontró con que la fábrica en la que trabajaba fue requisada y se convirtió en una fábrica de armamento concretamente de pistolas, se llamó Can Pistolas, en Terrassa, y él que era un obrero, militaba en la FAI, fue nombrado encargado de una sección de la fábrica, dentro de la cadena de producción de pistolas.

¿Tu padre nace en Terrassa?

No mi padre nace en Morella en 1913. A principios de siglo hay un exilio importante de Morella, donde el textil era importante, para las ciudades industriales de la periferia de Barcelona. Hasta hace poco, todavía se celebraba en Terrassa y en Sabadell el día de Morella. Mis abuelos junto con mi padre vienen a Terrassa en 1916.

¿Y tu madre?

Mi madre nació en Terrassa, pero sus padres eran de Vinaròs.

Nos estabas contando de la fábrica de pistolas.

Sí, mis padres han explicado poca cosa del exilio, me parece que es un hecho bastante común, es decir que no me han transmitido una información detallada, una información cronológica y una información rigurosa de lo que fue la historia de su exilio y la historia del exilio republicano. En cambio sí que a través de anécdotas se pueden ir atando cabos, que es un poco lo que después he ido haciendo sobre todo a raíz de la muerte de mi padre.

Yo que pertenezco a una generación privilegiada - nací en el 47 y estamos en el 2010, y hemos cruzado un época de progreso, con todas las comillas que queramos poner-, lo que más me conmueve de la vida de mis padres es que con poco más de 20 años y recién casados, se encuentran con la guerra civil española que empieza en el 36, y que hasta el 62, que es cuando vuelven a España,  no recobran un clima de paz, otra vez con comillas.
 
Entonces claro, unas personas que del 36 al 62 viven en un contexto de conflictos bélicos que son la guerra civil española, una guerra mundial y la guerra de independencia, da la impresión de que tus padres no han podido tener un proyecto de vida, y que han estado sometidos un poco a lo que se suele llamar destino, un destino que los ha llevado a donde ha querido con bastante crueldad. Y sobre todo no teniendo medios económicos, como no tenían, pues han sido llevados por una ola dura y  difícil, procurando que los hijos quedaran dentro de lo posible, lo menos afectados.

Entonces la historia del exilio de mis padres, pues viene a ser la historia del exilio de muchos españoles, jóvenes parejas que tienen que separarse en un momento determinado porque uno tiene que marchar  antes que otro, que es el caso de mi padre. Y mi padre va a parar al campo de Bram, luego en Le Vernet, un campo cerca de Toulouse, un campo donde resulta que, (esto yo no lo sabía), que ahí fueron a parar la mayoría de refugiados-presos políticos, que se consideraban peligrosos y que por este motivo fueron mandados al campo de Djelfa en Argelia, que eran campos que llamaban de castigo donde muchos españoles murieron. Mi padre está en el campo de Djelfa poco más de dos años.

En el caso de mi madre, ella pasó dos veces la frontera para ver a mi padre, una vez pasó la frontera por Nuria y por Coll d’Ares, para llegar al primer pueblo francés, Prats de Molló, y otra vez pasó por Figueras, Peralada, cuando hubo los bombardeos, andando en los dos casos, con guía en el caso de Nuria y en columna de refugiados en el caso de Figueras y Peralada.  No sé cómo mi madre se las arregló para huir y volver, no lo sé, no acabo de entenderlo, era una mujer muy fuerte.

Campo de Vernet

¿Tenía hijos ya?

No. Es un período del que no se hablaba en casa. Había como una voluntad muy determinada de borrar el dolor a través del olvido, cierto resentimiento no sólo por la victoria del franquismo, sino también por el desarrollo de la guerra, de lo mal que se gestionó hasta llegar a la catástrofe final.

Había que mirar hacia delante, intentar sobrevivir a la guerra de Argelia hasta poder volver a España. Esta manera de mirar hacia el futuro nos la han transmitido de manera totalmente intuitiva a mi hermana y a mí: en nuestras vidas, a pesar de las dificultades pequeñas o grandes que pueden aparecer, nunca hemos echado la vista atrás. Es así.

¿Tu madre sabía dónde estaba tu padre?

Mi madre no sabe nada, a partir del momento en el que pasan la frontera se pierden las pistas porque no hay comunicación, el correo no puede llegar, ni siquiera se han interceptado, entonces lo que hacen, según también me han explicado es utilizar amigos.

Cuando pasan a Francia, conocen a gente y utilizan estas direcciones de gente francesa, solidaria con la causa republicana, porque muchos franceses han sido solidarios. Y el contacto que tenían con franceses les permitía tener unas direcciones donde podían mandar unas cartas y luego pasarse información de dónde paraba uno y otro.  Mi madre estuvo cerca de Lyon, en casa de una familia que la acogió y a cambio de cama y comida pues ella iba cosiendo, era el trato que tenían. Y mi padre también estuvo casualmente muy cerca de Lyon sin que mi madre lo supiera en esa época, ya llevaban dos años de casados y de separación.  Esto es un poco, de un modo un poco desordenado, la historia deshilachada de estas dos personas.

¿Cómo se encuentran tus padres?

Eso tampoco me lo explicaron, mi madre tiene noticias de que mi padre está en Djelfa, mi padre de Djelfa no puede moverse, cuando sale del campo se queda en el pueblo. Un pueblo miserable, es un pueblo en donde hay algunos nómadas, la gente no puede vivir de la agricultura porque no hay agricultura, no puede vivir de industria porque tampoco hay industria y tampoco del petróleo porque todavía no se ha descubierto los yacimientos de petróleo en Argelia.

Por  lo tanto está en un pueblo totalmente perdido en medio del desierto, con un clima muy duro, muy cálido en verano y muy frío en invierno. Al salir, según el relato de mi padre, los guardas abren las puertas del campo y les dicen “pues ya está, ya sois libres”. Y entonces, sin saber qué hacer ni a dónde ir, decide junto con un compañero de Mora de Ebro, mecánico, encontrar quien les preste un local  para empezar a arreglar furgonetas.

¿Y ahí ya estaba tu madre?

Mi madre todavía no estaba. Llega, hacia el 44 o 45. Por lo que sé, el reencuentro no fue fácil  porque llevaban unos años de separación, 4 o 5 años, aunque estaban muy enamorados el uno del otro. Muchos refugiados que estaban en los campos y salían el domingo podían vivir alguna aventura perfectamente comprensible por su situación afectiva, pero que creaban un conflicto añadido. Y después de tanto tiempo de separación, al desgarro del exilio tenían que añadir la reconstrucción amorosa de las jóvenes parejas. Yo nazco poco después en el 47.

¿Eres hijo único?

No,  tengo una hermana que nació “accidentalmente” en el 56. Son personas que no querían muchos hijos. Los hijos cuestan mucho sudor y sacrificio. Repito un poco lo que solían decir. Procuraban ser prudentes, hacer las cosas poco a poco e intentar educar lo mejor posible al hijo o a los  hijos que se pudieran tener.

¿Tú sabes si tu padre continuaba teniendo sus ideas si se llevaba con la gente republicana en el exilio?

Mi padre era un obrero, mi padre no era ni un intelectual, ni un hombre culto. Escribía lo justo. Empezó a trabajar a los 11 años, mi madre había empezado a trabajar a los 12 años. Y yo no he visto libros en casa que fueran leídos por mis padres. Los únicos libros que había en casa eran los que me regalaban por navidad y los de la escuela.

¿Mantenía actividades políticas?

Mi padre estaba muy desencantado de la política, mi padre había sido anarquista y por su manera de entender las cuestiones humanas, admiraba muchísimo a los árabes, les tenía un gran respeto, lo que le había valido cierto problema con los franceses de Argelia. Él admiraba muchísimo el sentido del honor, el sentido de la palabra dada, la palabra dada es sagrada, el honor es sagrado, la dignidad es sagrada. Pero con el recuerdo reciente de Cataluña y de la guerra civil, pues tenía un resentimiento muy fuerte hacia los comunistas. Cuando estuvimos en Terrassa yo estuve un tiempo afiliado al PSUC tuve una bronca muy fuerte con mi padre por esto, un conflicto del que guardo un grato recuerdo.

Él hablaba de política, aunque mi madre se enfadaba muchísimo porque tras lo que habían vivido le parecía poco inteligente para mi madre hablar de política., La política había sido demasiado cruel con ellos para que ellos le devolvieran cualquier cosa interesándose por ella.

¿Tú has tenido idea o has pensado en algún momento cómo fue el exilio para ellos, si querían volver o no?

Estoy convencido de que mis padres estaban allí pensando en volver lo más pronto posible y esto no fue posible hasta que Franco fue firmando algunas amnistías y hasta que permitió a mis padres decidir volver.

¿En tu casa se veían con gente exiliada, se llevaban con otras personas del exilio, hablaban de ciertas cosas?

Sí, mis padres se relacionaban con españoles exiliados para compartir un desgarro, y una nostalgia. Mis padres frecuentaban dos familias más, una que eran un abogado comunista de Alicante y otra que eran de un periodista socialista de Alicante también.

¿Ustedes estuvieron en Djelfa?

No, mi madre no quiso quedarse allí porque se encontraba como muy perdida e insistió para que fueran un poco más al norte en donde el clima era más parecido al nuestro y fueron a un pueblo, a una ciudad muy bonita que se llama Medea, situada a 900 m. de altitud y  a  90 Km. de Argel. Estábamos más cerca del mar, muy cerca de las llanuras donde se cultivan las naranjas y los limones, como al otro lado del Mediterráneo, un poco como la costa valenciana, un clima frío en  invierno,  un poco parecido al Morella paterno, donde muchos inviernos nieva y con una pequeña estación de esquí para los franceses cerca de Medea. Suben a Medea, digo suben porque van hacia el norte, cuando yo tengo cuatro años, en el año 51.

¿Tú vas a la escuela en Medea?

Sí hago primaria y secundaria en Medea.

Robert Ferrer con sus padres

¿Cómo era tu vida cuando ibas a la escuela? ¿Con qué gente te llevabas?, ¿Cómo era la gente?

En  Djelfa se vivía mucho en la calle y yo con 2, 3 años,  andaba todo el día en la calle jugando con otros niños árabes, coches muy pocos y rebaños de cabras y de camellos que pasaban, esto me lo contaban mucho mis padres, porque lo recuerdo muy poco la verdad.

Yo hablaba con los niños en árabe. En casa hablábamos en francés –¡con lo mal que lo hablaban mis padres!-. Para que no me sintiera diferente de los otros niños en el colegio, no me hablaban catalán ni español. Y yo, en Djelfa,  hablaba el francés en casa y el árabe en la calle con los niños, porque había muy pocos franceses en Djelfa.

Cuando llegamos a Medea estábamos en un contexto mucho más urbano, y entonces ya la sociedad está totalmente partida en dos, los árabes mayoritarios por un lado y la comunidad europea por otro lado, quiero decir los franceses, algunos españoles, algunos italianos. Luego había la comunidad  judía, que están ahí desde hace siglos,  pero que se inclinan más por frecuentar  a los franceses que a los árabes, aunque hubiera familias sefarditas que tuvieran un modo de vida muy parecido a las familias árabes en sus costumbres.

Y entonces en Medea, entro en la maternelle, el parvulario.

¿Francesa?

Sí totalmente francesa, luego la primaria y el Lycée Ben Cheneb, el Instituto, hasta los 15 años que es cuando regresamos a España.

¿En ese entonces tus amistades son españoles exiliados o franceses o árabes?

¿Y tu padre qué pensaba?

Mi padre tenía un comportamiento muy discreto. Simpatizaba con la causa árabe pero no podía hacerlo públicamente. Con su trabajo se había granjeado las simpatías de muchas familias árabes como pude comprobar al volver allí en el 77. Si un cliente árabe no le pagaba una reparación mecánica, decía que ya le pagaría más adelante aunque en casa tuviéramos dificultad para tirar adelante. Pero tal como era, no le importaba demasiado el dinero.

¿La comida en tu casa cómo era?

Sencilla, sencilla.

¿Pero más tipo mediterráneo, catalana, o se integraron cosas árabes?

No recuerdo una cocina propiamente catalana en casa, se comía carne en domingo si se podía, y si no, no,  y  se comía verdura y fruta porque había mucha y cuando se comía carne de cordero pues se comía  las mejillas o las partes más económicas. O sea que las paellas se estilaban cuando se encontraban las familias españolas entre ellas.

¿En tu casa también comías la cocina árabe?

Sí, la cocina árabe, era una cocina que siempre me ha gustado muchísimo. Para mi, el sabor de algunos platos son como "mi madeleine de Proust", donde el famoso escritor cuenta como en un momento determinado come una madalena mientras toma un té y el sabor de la madalena le recuerda de repente todo un momento de la infancia, es decir a través de las papila su gustativas se le vuelve todo el recuerdo del pasado. O sea el cuscús para mí es un poco esto y la chorba también, la chorba es la sopa árabe.

Los restaurantes sólo existían para los que estaban de paso en el hotel del pueblo. Recuerdo una pastelería se comprábamos el domingo un croisán o algún postre ocasional. Era una sociedad muy sencilla, muy poco consumista y la cocina árabe se probaba porque a veces una mujer árabe llegaba a casa y como había empezado el ramadán pues traía una olla  llena de sopa, que es la sopa que se toma durante el ramadán y cuando se acaba el ramadán pues igual te traían un cuscús “para el amigo Ferrer”, que era mi padre.

En el 77 volví a Argelia para recuperar el pasado de mi infancia, encontré algunos amigos árabes de mi padre y me sentí totalmente secuestrado por  unos y otros para comer, para cenar, para invitarme, para hacerme regalos, fue  una cosa tremendamente emotiva. “¿Y por qué tu padre se fue?” que “tu padre no tenía por qué haberse ido....”.

¿Fuiste a Djelfa?

A Djelfa también fui sí, pero en Djelfa no queda rastro de nada, ningún rastro del campo de concentración, lo eliminaron rapidísimamente los franceses una vez terminada la guerra, sí.

Robert Ferrer en Djelfa

¿Y ustedes están todavía cuando se independiza Argelia?

Volvemos unos meses antes.

¿Cómo deciden tus padres en qué momento volver?

Bueno primero que en el 58 a mi padre ya le dan pasaporte, con lo cual puede volver a España si quiere. Luego por razones familiares, los abuelos maternos enferman y consideran que la hija tiene que cuidar a los padres, por lo tanto es a mi madre a la que le toca volver a España para cuidar a sus padres, a los hermanos no porque son varones.

¿Pero no es una cuestión de deseo, de convicción de volver?

Mi padre no supo negarse al deseo de mi madre y al cabo de tres meses de regresar a Terrassa ya estaba arrepentido.

Tú como joven que ya estabas un poco integrado allá, me imagino, ¿qué pasa contigo cuando llegas aquí, cómo es tu sentimiento?

Es un sentimiento de despiste total y absoluto, estoy totalmente desubicado. Soy un adolescente, - un adolescente es una persona a quien resulta difícil conocerse a si misma-  y entonces se encuentra en un contexto, la España del 62, un país que me parece muy triste.

¿A dónde llegan?

A Terrassa, en casa de los abuelos donde llego muy perdido a nivel de idioma y cultural. Por ejemplo en Argelia solía ir al mercado cada mañana en verano. A las pocas semanas de llegar aquí me niego en redondo a seguir haciéndolo; en el mercado, donde únicamente veía mujeres en las paradas decían:  “deje  pasar a este chico que no tenga que esperar y hacer cola”. Una sociedad muy machista la del 62 en España, más que la europea en Argelia.

Y mi padre se encuentra con una sociedad muy poco solidaria, franquista, donde ya no encuentra a sus antiguos compañeros o amigos. No quieren relacionarse con él, porque mi padre representa una serie de cosas que no interesan a los que se han integrado al régimen. A los pocos meses, mi padre reniega profundamente de haber vuelto y mi madre se arrepiente de haberlo obligado a volver.

¿Y a partir de ahí cómo va tu vida?

Llego a España, a medio curso, estoy en troisième, es decir 4º  de bachiller en Argelia y para terminar el curso mis padres me inscriben en el Liceo Francés que es donde puedo seguir la escolaridad en francés. Naturalmente la diferencia entre el instituto de un pueblo de Argelia y el Liceo Francés de Barcelona, de la parte alta de Barcelona, es importante.

Yo me encuentro con 15 años, con un mundo de clase media alta, que me parecía muy falso y esnob. Jóvenes que no tenían nada que ver con mi mundo y que además no me interesaba en absoluto, me incomoda, me acompleja,  me hace sentir más diferente todavía y naturalmente acabo el curso con muy malas notas, con lo cual mis padres deciden ponerme a trabajar para que sirva para algo. Lo normal en aquella época.

Entro en la escuela de aprendices de AEG de Terrassa para ser fresador.  Durante un año pues estoy de aprendiz de fresador, y luego ya puedo ir saliendo poco a poco de un oficio que no me interesaba en absoluto como era la mecánica, en un ambiente en el que me deprimía profundamente.

¿Y luego qué haces? ¿Vuelves a estudiar?

Al hablar francés, preparo el Certificado de aptitud de la EOI y paso el examen en Madrid. Encuentro unas clases en una academia donde pronto me dan responsabilidades pedagógicas. Luego paso el examen de mayores de 25 años en la Universidad porque, aunque ejercía la profesión sin tener diploma oficial, me dí cuenta de que tener una titulación universitaria sería necesario.

¿A ti no te costó encontrar trabajo dijéramos?

Era una época donde había mucho trabajo y cada uno podía hacer el oficio que más le apetecía en las condiciones laborales de entonces naturalmente.

Robert Ferrer en Argelia

¿Tu papá consiguió trabajo o cómo fue?

Para mi padre fue muy difícil. Al llegar se compró un torno que instaló en un cuartucho al fondo del patio de casa de los abuelos para hacer trabajos subcontratados. Estuvo explotado de mala manera con controles de  tiempo y de rentabilidad de trabajo, luego pasó a trabajar en AEG de Terrassa.

Mi padre murió bastante joven, con 60 años de un cáncer de estomago, tras años con una úlcera que contrajo en el campo de concentración de Djelfa. Lo recuerdo desgraciadamente como un hombre muy amargado, silencioso, que no sabía por dónde podía construir su vida y la de su familia.

¿Y la vida de tu madre?

Bueno mi madre era la personalidad de la casa, la que tomaba las decisiones. En el exilio de mis padres, mi madre es la acción, la ira y la angustia y mi padre el silencio, la amargura. Mi madre era la persona de las decisiones, de los cabreos, de lo que había que hacer y lo que no había que hacer. En cambio, mi padre era la persona suave, sumisa, con un tremendo sentimiento de fracaso.

¿Y ellos nunca volvieron a Argelia?

No, no, no volvieron para nada. Mi padre buscaba la manera de ser feliz en España y no la encontró, por el contexto político, por el contexto afectivo, por el contexto familiar, ya que en la familia tampoco encontraron el apoyo que pensaban encontrar.

Porque desde el exilio se había sublimado todo: Catalunya, los amigos la familia, todo.

Mis padres eran profundamente catalanes, de lengua, de cultura, no habían conocido nada más que su ciudad y un poco Barcelona. Con la retirada descubrieron otros pueblos y paisajes de Catalunya. Tenían un setimiento republicano muy arraigado.

Y yo recuerdo a mis padres escuchando por radio Argel, un programa donde por carta las oyentes solicitaban la retransmisión de una canción. Una noche, desde la cama me llamaron para que escuchara con ellos una sardana:  la Santa Espina. Y recuerdo verlos llorar escuchando la sardana. Este recuerdo no se me irá nunca de la memoria.

Cuando volvieron, los anarquistas se habían esfumado, las utopías no existían, la gente sólo pensaba en trabajar, en comprar el 600. Mi padre tenía que presentarse cada mes a comisaría para explicar dónde iba. A los 17 años me ofrecieron una beca para ir seis meses a Estados Unidos para hacer un curso de pedagogía y la policía me negó el pasaporte porque ser hijo de quien era.

Robert con sus padres

¿Cuándo vienes a España cómo crees que eres visto, ¿como español o como francés? Lo pregunto porque los exiliados que regresan de Argelia tienen muy asumida una cultura francesa ¿no?.
 
Sí es verdad, en Terrassa me veían como un francés, como un joven francés que había venido aquí. Si mis padres se hubieran marchado de Argelia por la proclamación de independencia y no por cuestiones familiares y afectivas, seguramente hubieran hecho la opción de ir a Francia y no a España donde podíamos haber hecho los estudios en la enseñanza pública.

Nos contabas que en algún momento regresaste a Argelia. ¿Cuánto tiempo estuviste?

15 días

¿Reconstruirse tu infancia digamos?

Sí, lo necesitaba y también quería compartirlo con mi mujer de entonces.

Y aparte de esto ¿has ido a Morella donde vivía tu padre?

Sí, y tanto, a Morella y a Vinarós. Me encanta Morella, el paisaje, el clima, un clima duro. Una cultura a caballo entre la cultura occidental y la oriental todavía. Cuando estoy en Morelia, me parece que estoy cerca de Argelia, muy cerca del mundo árabe.

¿Por qué?

Por los colores, por los olores, la cocina, la artesanía y la gente. Un país muy marcado por el paso de la cultura árabe.

Nos contabas antes de también participaste en cuestiones de política ¿no?

A los 20 años te das cuenta de que las cosas no van como tendrían que ir y entonces es cuando me afilié al PSUC, en un barrio de Terrassa. Poco tiempo, la verdad. En las reuniones los hombres hablaban y las pocas mujeres que había hacían  punto, y yo me preguntaba “¿por qué las mujeres hacen punto si están hablando de democracia?”. Supongo que no tuve suerte.

¿Has continuado en política?

La política siempre me ha apasionado aunque no creo que esté hecho para la disciplina de partido y menos con lo que se han transformado los partidos en los últimos años en este país. Procuro aplicar mis ideas políticas en el día a día, en mi relación con las demás personas, en mi trabajo donde pienso que un funcionamiento mínimamente democrático es posible, donde los argumentos y la inteligencia de las personas con las que comparto mi trabajo tienen que contar más que el hacer las cosas porque sí. El trabajo, la familia, la pareja son el lugar ideal para la aplicación diaria de las ideas políticas. A partir de estas micro células se puede poco a poco ir cambiando las cosas.

Nos contabas también que tuviste una discusión con tu padre por cuestiones de política.

Volvemos al momento de mi llegada a España. Los adolescentes, los jóvenes en general son poco dados a los matices. Y resulta que en un momento determinado empiezo a ir a misa, me caso por la iglesia, totalmente convencido. Esto debió ser muy duro para mi padre.

Siguiendo con el tema religioso, en Argelia hice la comunión a los 12 años. Mi madre estaba enferma y en cama durante unos meses pero quería que hiciera la comunión “como los demás”. Mi padre, que no hubiera entrado en una iglesia para nada en absoluto,  me acompañó hasta la puerta  y me esperó fuera hasta que terminara la misa.

Al llegar a casa mi padre se lo dijo y mi madre se enfadó muchísimo con él por anteponer sus ideas a su papel de padre. Fue un momento duro para mí, pero lo recuerdo con mucho cariño y creo que mi padre tenía toda la razón del mundo.

Ya después en Cataluña ¿te has sentido bien? ¿No ha tenido problemas?

Problemas no he tenido. Personalmente, esta manera de haber vivido entre dos culturas me gusta muchísimo. Lo vivo como un privilegio enorme. Me siento heredero de un pasado muy rico y tierno.

No me siento especialmente catalán y me siento muy crítico con el momento catalán actual (no hablemos del nacionalismo español), tampoco me siento francés y me considero muy crítico con ciertos aspectos de la cultura francesa.

¿Y te sientes argelino?

No, pero muy respetuoso con el mundo árabe, muy respetuoso.

Y español tampoco ¿no?

Tampoco, para nada.

¿Qué ha significado para ti ser un hijo de exiliado?

     
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