Hijos y nietos del exilio republicano
 
 

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Salvador Goya Roset ,nacido el 18 de julio de 1943 en Santiago de Chile.

Mis padres: Jesús Goya Oleaga,nacido en Santiago de Chile,y Salome Roset Alari,nacida en Pla de Santa Maria (provincia de Tarragona).

Mi abuelo materno era Alejo Roset Reynal,nacido en el Pla de Santa Maria y militante del PSUC.
Mi madre Salome fue maestra durante la República.

 

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MEMORIAL DEMÒCRATIC


CORREO ELÉCTRONICO

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Mi abuelo materno y mi madre tuvieron que salir hacia Francia en el invierno de 1939,salieron por separado y se encontraron en el campo de refugiados(o mejor dicho de concentración) de Argeles sur Mer.Mi abuela materna y mi tío Salvador quedaron en Barcelona en casa de unos familiares.

Mi madre y mi abuelo materno viajaron en el Winnipeg (Barco que consiguió Pablo Neruda para llevar refugiados españoles a Chile) y llegaron a Chile en septiembre de 1939. Un año mas tarde llego mi abuela materna y mi tío.

Mi madre se caso en 1942 con mi padre que era hijo de vascos,y tuvieron tres hijos .Salvador,Alejo y Jesús.

Yo tuve que salir de Chile a finales de 1973 con motivo del golpe de estado de Pinochet,debido a mi militancia comunista y a que tenia responsabilidades en el gobierno del Presidente Salvador Allende.

Mi padre murió en 1972 , y mi madre que tiene 88 años vive en Barcelona,a la cual regreso en noviembre de 1974 junto a sus padres(mis abuelos).

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Salvador Goya Roset ,nacido el 18 de juliol de 1943 a Santiago de Xile.

Els meus pares :Jesús Goya Oleaga,nacido a Santiago de Chile,y Salome Roset Alari,nacida en Pla de Santa Maria (província de Tarragona).

El meu avi matern era Alejo Roset Reynal,nacido en el Pla de Santa Maria i militant del PSUC.
La meva mare Salome va ser mestra durant la República.

El meu avi matern i la meva mare van haver de sortir cap a França a l'hivern de 1939,salieron separadament i es van trobar en el camp de refugiat(o millor dit de concentració) d'Argeles sud Mer.Mi àvia materna i el meu oncle Salvador van quedar a Barcelona a casa d'uns familiars.

La meva mare i el meu avi matern van viatjar al Winnipeg (Vaixell que va aconseguir Pablo Neruda per portar refugiats espanyols a Xile) i van arribar a Xile el setembre de 1939. Un any mes tard arribo la meva àvia materna i el meu oncle.

La meva mare es cas el 1942 amb el meu pare que era fill de bascos,y van tenir tres fills .Salvador,Alejo i Jesús.

Jo vaig haver de sortir de Xile a finals de 1973 amb motiu del cop d'estat de Pinochet,debido a la meva militància comunista i a què tènia responsabilitats en el govern del President Salvador Allende.

El meu pare va morir el 1972 , i la meva mare que té 88 anys viu en Barcelona,a la qual tornada el novembre de 1974 al costat dels seus pares(mis avis).

Entrevista

Salvador nos das tú nombre completo, el nombre de tus padres y el lugar y la fecha de nacimiento.

Mi nombre es Salvador Goya Roset, mi padre era Jesús Goya, murió en el año 72  y mi madre es Salomé Roset Alari, que aún está viva, afortunadamente y vive aquí en Barcelona. Yo nací en Santiago de Chile el 18 de julio del 43.

Mi madre cuando la guerra, estaba de profesora y con sus alumnos le tocó toda la retirada, descansaron en Figueres y de Figueres fueron a La Vajol y por ahí pasaron para Francia.

¿En ese momento tu abuelo era fundador del PSUC ?

Sí, del PSUC, en el Alt Camp, en Tarragona.

Y él durante la guerra…

Estuvo inmovilizado aquí en Cataluña, no llegó a estar en el frente y bueno la historia de él es que tuvieron que unirse a la retirada, por separado, porque cruzaron separadamente, mi abuelo con su regimiento y mi madre con los niños.

¿Y tu abuela?

No, mi abuela se quedó aquí con mi tío, era el hermano menor de mi madre se quedaron aquí en Cataluña. Sólo pasaron mi abuelo y mi madre.

Estamos hablando de la parte materna. ¿Y por parte paterna?

Por parte paterna mi padre nació en Santiago de Chile, o sea mi padre no vivió la guerra, corresponde a una emigración económica de los vascos hacia América latina y en concreto fue a Chile. Mi abuelo, Isidoro, era vasco y murió ya hace muchísimos años. Pero ellos no vivieron la guerra.

La parte exiliada digamos corresponde a tu madre.

Correcto.

¿Entonces cómo se van y cómo salen?

Bueno cruzaron caminando los Pirineos, mi madre con los niños, que me lo ha contado, les tocó cruzar los Pirineos en invierno, recuerda que les hicieron tirar las maletas, la ropa y que bajaban como decía ella muy gráficamente, tuvieron que bajar prácticamente a culo los Pirineos porque se caían con la nieve.

La separaron a ella de los niños y la llevaron al campo de concentración Argelès sur Mer, y allí estaba mi abuelo, aunque habían salido por separado. Una familia francesa  sacó a mi madre del campo, la tuvo en su casa, pero a los niños los recogió la gente del socorro rojo francés. Entonces ella se quedó allí en Argelès y a mi abuelo lo trasladaron al campo de concentración de Brams, creo que se llama. Ella no tenía contacto con mi abuelo.

Argelès-sur-Mer

¿Pero cuando llega sí lo ve, sabe que está ahí?

Sí, ella sabía que estaba su padre en Argelès. Mi abuelo nos contaba que además los trataron muy mal, que les daban una pésima comida por decirlo suave y que estaban cuidados por los senegaleses en la playa de Argelès, porque en realidad el campo de concentración era la playa vigilada por los senegaleses. Mi abuelo nunca más ha vuelto a comer lentejas, les daban lentejas con piedras y cuenta cosas bastante fuertes del mal trato que recibieron por parte de las autoridades francesas, del ejército francés.

Entonces ella ya perdió el contacto y se vuelve a encontrar con mi abuelo a la salida del Winnipeg. A ella le ofrecen ir en el Winnipeg y ella dice que quiere ir pero con su padre y entonces le prometen que sí, que su padre va venir. Los trasladan hacia la costa atlántica que es donde salió el Winnipeg y ella siempre recuerda el tren en el que llegó mi abuelo. Dice que estaba ahí esperando y de pronto lo vio, él venía en el tren y digamos que fue un momento de mucha felicidad para ella, encontrarse con su padre y ya embarcaron juntos en el Winnipeg hacia Chile.

El Winnipeg y Pablo Neruda

¿Te ha contado algo sobre ese viaje?

Sí, ella no tiene un mal recuerdo del viaje, ella tiene un buen recuerdo del viaje, dice que en el barco iba gente muy solidaria, se ayudaban y que incluso el viaje no fue un viaje desagradable. Era un viaje en el que iban en malas condiciones porque era un barco de carga, habilitado para llevar pasajeros, iban muy apelotonados dentro, pero tiene una buena imagen. Incluso del paso por el canal de Panamá, ¡toda una novedad! y de toda la costa pacífica después.

Y de lo que tiene un extraordinario recuerdo es de la llegada a Valparaíso. Dice que la recepción fue fantástica, que la gente les aplaudía, que estaba lleno de gente. Ellos llegaron de noche y entonces por la mañana cuando desembarcan dice que había una enorme cantidad de gente esperándolos y que les aplaudían y los felicitaban, dice que los recibieron con muchísimo cariño, tiene una imagen muy bonita de su llegada a Chile.

Entonces ellos ya deciden ir a Santiago, les ofrecían quedarse en Valparaíso, pero mi abuelo decide irse a Santiago porque tenía un familiar en Santiago de Chile, una prima de mi abuelo. Dice que también la llegada a la estación Mapocho fue muy bonita, que la gente los trataba como héroes, les aplaudía con cariño, les ofrecían casa, les ofrecían todo y que además no le costó mucho encontrar trabajo. Mi abuelo era lo que se dice aquí en Cataluña un paleta, un albañil y entonces encontró rápidamente trabajo en eso.

¿Qué pasó con tu abuela?

Mi abuela se quedó aquí en Barcelona, en casa de unos familiares y con su hijo pequeño, mi tío, que se llama igual que yo, ya falleció mi tío, se llamaba Salvador y se queda aquí y al cabo de dos años mi abuelo la reclamó, le paga el viaje y entonces viaja con su hijo pequeño a Santiago y ahí se reúne con la familia.

Los abuelos maternos, Alejo y Salomé

¿Salvador, tienes idea de si tu abuelo y tu madre siempre estaban con la idea de volver a Cataluña, eran de los que no deshicieron la maleta?

Bueno yo creo que no tardaron mucho en deshacerla, tenían una enorme ilusión de volver, pero lo que mi memoria me recuerda es ese deseo de volver pero teniendo claro que la cosa no iba para corto plazo, en la medida en que claro mi madre se casa en Chile en el año 42, entonces ya a partir de ese momento en realidad ella decide quedarse prácticamente, mi padre, claro, era nacido en Santiago. Mi padre era sastre, entonces tenía su sastrería y ya se instalan. Lo que yo sí recuerdo es que recibía mi abuelo el Mundo obrero, el diario.

¿Tu abuelo, siendo del PSUC, en el tiempo estuvo en Chile estaba en contacto con la gente de aquí?

La gente del PCE y el PSUC iban juntos ahí en Chile, por lo menos yo no recuerdo que estuvieran por separado y también se hizo rápidamente socio del Centro Catalán en Santiago de Chile.

¿Tu abuelo y tu mamá tenían relación con los exiliados?

Si, tenían relación, se reunían en casa lo recuerdo, en la casa familiar. Venían varios, yo recuerdo algunos, los Morales, Angustias Martínez, varios, que se reunían allí, que al fin, con el correr de los años, de tanto decir “de este año no pasa”, acabaron golpeando con el codo porque Franco no se moría nunca. Pero claro vivían con la ilusión de volver. De hecho mi madre volvió, hizo un viaje a España, a Cataluña en concreto, en el año 65,66.

¿Y tú tienes idea de cuál fue su impresión cuando ella llega a Cataluña?

No me contó mucho, de hecho creo que lo pasó mucho con la familia, yendo a ver a los amigos, al Pla de Santa María y vino con mi hermano pequeño, tiene un recuerdo bonito ella, pero claro estuvo aquí unas vacaciones, estuvieron dos o tres semanas.

¿Tu mamá, ya no estudió cuando llegó a Chile?

No, cuando llegó a Santiago ya no estudió, se casó, llegó el 39 y en el 42 se casó y yo nací en el 43.

¿Cuando empiezas a ir a la escuela a qué tipo de escuela ibas y con quién tenías relación, con hijos exiliados o con chilenos?

Es muy curioso, la escuela a la que yo voy, es una escuela cerca de casa, una escuela privada, pero el director era catalán y también había salido de aquí. Había dos profesores más que eran españoles, un  catalán y el otro no, que también eran exiliados. Me acuerdo que uno era profesor de francés y el otro de literatura castellana y entonces el clima que respiraba ahí era mucho un clima de gente que sí tenía una determinada mentalidad con respecto a lo que había sido la guerra civil española o el golpe fascista por ser más explícito. Y entonces no sólo en casa se hablaba de la guerra con toda claridad, se nos contaba las barbaridades de la guerra y de cómo había sido.

Salvador Goya

¿En tu casa se hablaba del tema?

Sí, se contaban las cosas, mi abuelo incluso nos contaba de los bombardeos y nos explicaba a los nietos cómo había sido todo y el por qué estaban en Chile ¿no?, lo explicaban con mucha claridad siempre.

¿En tu casa se hablaba catalán?

En mi casa se hablaba catalán y mi padre no hablaba el catalán, hablaba muy poco, pero lo entendía perfectamente y además en la mesa yo recuerdo que cuando comíamos, curiosamente siempre nos referíamos al hablar con mi madre en catalán y al hablar con mi padre en castellano, éramos bilingües absolutos, en la misma conversación hablábamos en catalán y en castellano.

Mi abuela, claro, mi abuela en una mujer campesina, no del mismo Pla de Santa María, sino de un pueblito muy pequeño de ahí cerca. Ella hablaban castellano que parecía india de película norteamericana, ella siempre hablaba catalán y entonces el tipo de castellano que hablaba era muy peculiar porque no era su lengua. Ella había vivido hasta que se casó con mi abuelo en Las Poblas, un pueblito de aquí muy cerca del Pla de Santa María y cuando se casó con mi abuelo, se fue al Pla, pero era una zona de absoluta habla catalana.

Mi abuela, yo recuerdo que iba al mercado en Santiago y pedía muchas cosas en catalán, hacía tanto tiempo que iba que ya sabían lo que quería, y entonces ella no quería pimientos, pedía padrots. Yo me acuerdo que la acompañaba y sí, pedía todo en catalán y claro que ella nos habló siempre en catalán y mi abuelo también.
 
¿Las cosas de la gastronomía eran tipo catalán español?

Yo creo que había de todo, pero mantuvieron la cultura de la gastronomía de aquí, la mantuvo sobre todo mi abuela que era una mujer campesina, es decir cocinaba lo que había cocinado toda su vida. Durante muchos años la que cocinaba en casa era mi abuela, desde que yo tengo uso de razón, hasta que se hizo muy mayor y entonces ya no podía. Pero era ella, digamos que era la maestressa de casa, quien llevaba la casa.

¿Y la comida típica de Chile se llegó a introducir?

Sí, sí y se introducía porque mi padre claro ya la tenía como cultura también. Y mi padre por ejemplo le gustaba mucho el ají y comía mucho. La gastronomía chilena no es muy diferente tampoco, incluso la cazuela al final es una carn d’olla, es decir aquí es un plato campesino y allá la cazuela también es un plato campesino, que lleva verduras y pollo o carne, no hay mucho secreto en esto de los platos, son bastante parecidos. Las empanadas, por ejemplo, en casa gustaban mucho y comíamos con cierta frecuencia.

¿Entonces cuando tú vas a la escuela, tus amigos eran los de la escuela o tenías relación con hijos de los exiliados?

Tenía relación, pero la relación ya la tuve cuando era adolescente con hijos de exiliados. De pequeño los amigos eran los amigos del barrio y los amigos de la escuela. No había una relación familiar ni ideológica, vivíamos en Ñuñoa, en Santiago de Chile, que es un barrio de clase media.

¿En qué momento empiezas a tener relación con la gente del exilio?

Yo creo que en torno a los 13,14 años, con hijos de algunos de los exiliados y claro al juntarse ellos también venían los hijos y entonces nos fuimos conociendo más. En algún momento incluso, siendo ya más adultos, organizamos un grupo de jóvenes e hicimos algunas cosas.

Me acuerdo que incluso leíamos El mundo obrero, el diario del Partido Comunista de España, que era el que se recibía, porque el Treball y el diario del PSUC no llegaba a Chile. Llegaba El mundo obrero, con las peculiaridades que tenía en aquellos tiempos y que ahora con la distancia uno se da cuenta de que cualquier parecido con la realidad no era muy grande. Pero yo me sumé ya de muy joven, buen entré con 18 años al Partido Comunista de Chile.

¿Entras luego a la universidad?

Yo fui a la universidad, la dejé a medias, estudié Sociología, la termine aquí y después me puse a trabajar.

¿Tienes más hermanos?

Tengo dos hermanos más, Alejo que tiene tres años menos que yo, se acaba de ir para Chile, se ha jubilado, y mi hermano menor que tiene nueve años menos que yo y se llama Jesús y ha estado viviendo muchos años en Chile. Él tuvo también que salir al exilio porque era dirigente estudiantil en la universidad, estudiaba Ciencias Políticas y tuvo que salir con bastante prisa, igual que yo.

¿Tú sales en ese tiempo?

Yo salí en el 73 por el golpe.

¿Qué edad tenías?

Yo tenía 30 años.

¿Estabas casado?

Estaba separado de mi segunda esposa, y me casé aquí con mi actual compañera, con la que ya llevamos desde el año 74, o sea un largo periodo.

¿Tú tenías hijos entonces?

Tenía dos hijas y un hijo, una es Lupe y después otra más pequeña, que ya no es pequeña ahora tienen 40 años, que vive en Santiago, ella se quedó. Y un niño pequeño, de mi segunda esposa que vive en Suecia, su madre también salió al exilio, también era comunista y se instaló en Suecia donde se volvió a casar y se llevó al niño con ella y bueno, el niño ya es un señor adulto casado con dos hijos.

¿Eres abuelo?

Sí, tengo nietos por todas partes. Y mi actual hijo, que es fruto de mi matrimonio con Marcela, es Aitor, vive aquí con nosotros, tiene 26 años y vive con nosotros.

Entonces, ¿estás estudiando y en el partido y sales en el 73 de Chile?

Salgo en el 73, salí a finales de octubre del 73.

¿Sales tú solo, tus abuelos todavía vivían?

Sí, sí, mi abuelo, mi abuela y mi madre sí, vivían los tres y salgo por razones obvias. Yo era gerente de una empresa nacionalizada, que era quien controlaba además todo el tinglado de camioneros y de repuestos, y formaba parte de la dirección de Industria y Comercio del gobierno y tenía no sé cuántos cargos. Entonces claro el partido me dijo que saliera lo más rápido posible porque iban a ir a por mí.

Salí a Madrid un 29 de octubre de 73, estuve 15 días en Madrid en casa de unos compañeros del Partido Comunista Español, de hecho yo traía un teléfono y les llamé y me atendieron estupendamente bien, pero yo quería venirme a Cataluña que era un poco la tierra de mi madre.

¿Tú conocías ya antes Cataluña?

No, no conocía ni España ni Cataluña.

¿Lo que sabías de Cataluña era lo que se había hablado en tu familia?

Sí, mi madre y mis abuelos.

¿Cuando llegas a Madrid cuál es tu impresión?

Cuando llegué a Madrid, la primera impresión es de los compañeros que me estaban esperando, que era un matrimonio, compañeros del Partido Comunista de España, con la revista Triunfo bajo el brazo, para que yo los identificara porque no sabía ni quiénes eran. Y me trataron fantásticamente bien el tiempo que estuve con ellos.

¿Y cuando llegaste a Cataluña?

Y cuando llegué a Cataluña me produjo una sensación de depresión, esta ciudad era muy gris.

Explícame un poco.

Vivía con mucha humildad, vivía en la avenida Guipuzcoa, frente a la fábrica de la Coca-Cola. Tenía una pensión miserable y además estaba enfermo el hombre. Él había sufrido de malaria o de paludismo, algo así y le daban ataques, yo tenía que levantarme por la noche a taparlo y abrigarlo, pero con un cariño enorme. Hasta que yo encontré algún trabajito, mis primeros trabajos eran..., pillaba cuanto podía.

¿Te costó trabajo encontrar trabajo?

No, me costó trabajo, me costó meses encontrar un trabajo digno, pero los primeros meses cualquier cosa servía, además había que comer, porque yo llegué y traía 10 dólares, o sea me duraron como dos días.

Mi maleta… como yo estaba convencido de que me iban a detener en Santiago porque me conocían todos los taxistas del país y todos los camioneros del país, y había sido muy beligerante con ellos, tenía responsabilidades políticas del gobierno y de partido, pues estaba convencido de que me iban a detener, y llevaba una maleta con una camisa y unos calzoncillos, no traía nada más. Y no me detuvieron y pues llegué aquí.

Al cabo de tres o cuatro semanas en Madrid, me habían dado un teléfono de un compañero de aquí y me habían dado también un teléfono para contactar con el PSUC. En un primer momento me instalé, después tomé contacto con los compañeros del PSUC, llamé a un teléfono, me dieron una cita, me acuerdo que era un bar arriba de todo, cerca de la plaza Molina y ahí me encontré con dos compañeras, me entrevisté con ellas y entonces bueno me dijeron que me echarían una mano para  encontrar trabajo.

Y después llamé al otro teléfono que me habían dado que era de un viejo comunista que había estado exiliado en Guatemala, en Venezuela, en México, en todas partes y que bueno me recibió como un padre, Roberto Blasco, que ahora está muerto ya y le cogí un cariño brutal porque era un hombre fantástico. Estuvo con Jacobo Arbenz en Guatemala, después se tuvo que ir disparado, llegó a Venezuela, lo metieron en la cárcel por comunista.

¿En ese momento cómo te trataron los catalanes?

Claro que tenía una ventaja, yo hablaba y hablo muy bien el catalán y quien me oiga   hablar en catalán no tiene ni idea de que yo no soy de aquí y eso me ayudó mucho. Y llegué en un momento en el que había posibilidades de encontrar trabajo, tanto es así que de hecho en febrero del 74 encontré un trabajo bastante bueno.

¿A qué te dedicabas entonces?

Era una empresa que pedía a alguien que fuera capaz de gestionar sus stocks, de hecho entre las cosas que yo había hecho en Chile, había trabajado en John Deere, en Ford Motors y después en la Empresa Nacional de Recambios y conocía el sistema porque además yo era gerente de ventas. 

Entonces mandé mi currículum, me entrevistaron, me seleccionaron y al final me entrevisté con el consejero delegado, que era un señor que tenía un jesucristo encima de la mesa, ¡una cruz así…!. Después supe que era del Opus Dei, un aragonés, que en un momento de la entrevista me preguntó “¿y usted por qué está en España?” y yo le dije “¿usted por qué cree?, ¿qué quiere? que le mienta, vengo porque ha habido un golpe de estado en Chile”. Y le dijo “o me iba o me mataban, así de simple, me iban a detener, yo tenía responsabilidades”. Le conté la verdad y el hombre que era muy de derechas me dijo “me alegró mucho que me haya dicho usted la verdad”. Pues qué ibas a contar, no tenía que ser muy listo para ver un chileno que acababa de llegar y saber por qué llegaba. Y me dio el trabajo y trabajé 14 años en esa empresa. Muy bien pagado

En ese tiempo estás solo y ¿qué va ocurriendo?

Mi madre llegó un año más tarde, mi compañera que ya nos conocíamos en Chile, ella salió de Santiago y se fue a Estados Unidos donde vive su hermana, y en diciembre ya estaba aquí, hizo el periplo de Estados Unidos y de ahí a Barcelona.

Mi madre se quedó en Barcelona, mi hermano menor ya había llegado, porque mi hermano tuvo que salir un mes después que yo, y el de en medio también tuvo que salir rápidamente porque trabajaba en la Empresa de Comercio Agrícola, una empresa estatal y ahí también iban a saco. Nos encontramos en algún momento en Barcelona los tres hermanos y mi compañera.

Mi madre seguía en Santiago, le hicieron todos los operativos militares del mundo porque me buscaban y el domicilio que figuraba en el documento nacional de identidad es el domicilio de mi madre, a pesar de que yo ya no vivía hace años con ella. Los militares ocuparon la casa varias veces buscándome y a mi hermano menor. Y mi abuelo, que era muy echado para adelante, los echaba.

¿Se quedaron tus abuelos en Chile?

Llegaron un año más tarde, es una historia muy curiosa, cuando ya estaba aquí, claro no tenía dinero para traerlos a ellos y no se me ocurrió nada mejor que escribirle al cónsul español en Santiago pidiéndole que financiará el viaje de mi madre y de mis abuelos. Le conté un tango en una carta de esas lloronas que mi abuelo quería morir en su tierra que mi madre era viuda, bueno un dramón tremendo, (no me acuerdo quién me lo aconsejó y me dijo total, “perdido ya lo tienes”). Bueno pues ¡les pagaron el viaje!

A tus abuelos y a tu madre.

A mi madre y a mis dos abuelos, en barco y con derecho a traer todos los enseres de su casa. Cuando los fui a esperar al puerto traían unas cajas que eran como esta habitación, se trajo todo mi madre, los muebles, todo, todo. Es muy curioso, Franco les pagó la vuelta, porque don Paco estaba vivo todavía.

Curiosamente mi madre vivió exactamente 35 años justos en Chile, porque llegó un 4 de septiembre y se fue un 4 de septiembre, del mismo puerto. Bueno, aquí buscamos dónde pudiera vivir mi madre, buscamos un departamento, yo ya tenía trabajo y entonces se pudo ayudar. Mi madre, años después se volvió a casar aquí con un hombre encantador, que también ha muerto.

Su madre

¿Has ido por casualidad o has tenido ganas de conocer los lugares donde han nacido tus abuelos y tu madre?

A ver antes de decidir venir a Cataluña primero había tomado la opción de ir a México pero no me dejó el gobierno mexicano. Yo había estado en mayo del 73 en México, en un viaje oficial chileno, comprando repuestos para el transporte público chileno, y hacíamos un puente, me vendían las empresas norteamericanas y entonces hacíamos como que pasaban por empresas mexicanas, para romper el bloqueo y que pudieran llegar a Chile y yo en México denuncié al embajador mexicano en Santiago, ante el ministro. Le dije que el embajador había inventado una empresa para pegar una mordida como se dice en México. Claro, yo creo que fue por mi inexperiencia el ver que si el embajador robaba, el ministro también, y cuando mi hermano entró en la embajada mexicana y pidió asilo para mí le dijeron que si quería se quedara él pero que a mí no me lo iban a dar.

Y entonces frente a esa opción dije “mira me voy a España” y ya en España “me voy a Cataluña que es de donde en definitiva es mi madre”, con la idea de que ella pudiera venir después, claro.

¿Y has ido a visitar los lugares donde nacieron tus abuelos y tu madre?

Sí, he estado en el Pla, en las Poblas, sí, no voy con frecuencia pero los conozco.

¿Existe la casa?

Existe la casa, que le quitó un primo a mi abuelo, como pasó con mucha gente de aquí. De hecho me acuerdo que un día acompañé a mi abuelo y a mi madre al Pla de Santa María y cuando llegó mi abuelo, la gente lo reconoció, salía a la calle y lo saludaban con mucho cariño. Y salió este familiar a pedirle perdón y tal, -que se había quedado con la casa y había arreglado el registro de la propiedad-, y mi abuelo lo mandó textualmente a la mierda y le dijo que se metiera la casa por el culo. Y bueno después hemos ido bastantes veces, ahora hace años que no voy.

En las Poblas, donde nació mi abuela, también he estado, es un pueblo pequeño, pero hace años que no he vuelto. Mi madre ya está viviendo en Barcelona y entonces tiene el encanto de que nació mi madre y hay una hermosa iglesia románica, (en el Pla de Santa María), pero no tiene nada más para mí.

¿Se te reconoce como hijo de exiliado o sigues siendo el chileno?

No, es decir, en general es curioso… por una parte (fue más fácil por) el hecho de que tomé contacto con bastante rapidez con la organización política de aquí, con él PSUC. Empecé a moverme con ellos ya desde el año 74 y todo el mundo sabe que soy chileno y por qué estoy aquí, (a pesar de que nos reíamos al comienzo porque yo decía que no iba a celebrar mi cumpleaños porque se podían pensar que era favorable a Franco, porque como era el 18 de julio).

Entonces ha facilitado mucho también el que yo hablara el catalán y el hecho de que  hubiera militado en el PSUC, con carnet desde el año 81, aunque ya desde el 74 me puse a colaborar con ellos.

En el 81 es cuando dejé al Partido Comunista de Chile, y lo dejé por desacuerdo... -y por una decisión que yo creo que fue un poco la experiencia de haber vivido y ser hijo de exiliado-, es decir, que no se puede vivir con las maletas hechas, porque si alguien va a arreglar el país son los que están en el país, no lo vas a arreglar tú desde el exilio. Es decir, ese ejemplar del Mundo Obrero que llegaba allá, contaba cosas que eran mentira. Y el que yo durante algunos años fuera el responsable de la organización del Partido Comunista de Chile aquí en Cataluña, hasta que llegó un momento en el que dije “es que esto no tiene sentido”, lo que tenía sentido era participar de la vida política de aquí, (no lo entendieron todos con mucha claridad, pero bueno tampoco me preocupó mucho).

¿Cómo ves a los catalanes, cómo los has encontrado?

Al comienzo, a mí me ha costado menos que a otra gente, te digo por el tema de la lengua y seguramente por ser hijo de catalanes, entonces claro, hay ciertos rasgos, pero en general (los catalanes) corresponden a una estructura de gente con la que cuesta más de establecer una amistad pero que cuando la tienes, la tiene siempre, eso lo descubro con el tiempo.

Es decir, al comienzo te da la sensación de que hay una cierta barrera, pero cuando esa barrera se ha superado y la inmensa mayoría de mis amigos pues son catalanes. Tengo un par de amigos chilenos, que seguramente habría sido amigo de ellos en Santiago y soy amigo aquí. Pero aquello que en un comienzo nos veíamos varios chilenos, hasta que un día hablando con otro amigo chileno me acuerdo que nos hicimos la pregunta “¿y nosotros seríamos amigos de estos huevones si estuviéramos en Santiago?”, “pues no”, y “¿entonces por qué tenemos que salir con ellos aquí?”.

Entonces no he vivido ni intentado vivir en el núcleo chileno, creo que es una mala experiencia para quienes lo hacen, porque he conocido a los chilenos en Bélgica, en Francia, en Suecia, que vivían encerrados en si mismos y entonces han hecho toda su vida ajenos a la sociedad en la que viven. Y cuando ya llevas varios años, ya no soy ni de aquí ni de allá y cuando he vuelto a Chile me he notado raro.

Su madre con su familia

¿Y cuando estás aquí no extrañas allá?

Extraño algunas cosas, eso me acuerdo que los primeros años me pasaba mucho, que uno idealiza mucho, incluso el bar … y el bar es un bar de mierda, era un bar agradable porque ibas con tus amigos, pero si los amigos no están es un bar de mierda. Entonces claro, mis amigos en Chile, o la mitad están en el exilio y la otra mitad están muertos, porque los mató la dictadura a muchos de ellos. Y entonces en Chile tengo dos o tres amigos, que las dos veces que he ido pues sí que estoy con ellos, pero que estaría con ellos igual que en cualquier otro sitio.

Y después claro, sí soy consciente de que tenemos un país con una riqueza natural fantástica, que me encanta y que lo conozco mucho, lo he recorrido mucho. Pero me siento muy cómodo aquí y no me iré a vivir a Chile, o sea, lo tengo muy claro desde hace muchos años.

¿Qué es lo que más valoras de vivir en Cataluña?

Es decir por aquí han pasado todos, los griegos, los romanos, los fenicios, los árabes, los judíos, todos y eso queda y lo ha hecho rico, y a mí me gusta. Me gusta Barcelona como ciudad, me encanta la costa Brava, me he acostumbrado al mar más calientito, el de Chile es muy frío. Y el estado de bienestar aquí no tiene comparación con el que hay allá.

Salvador con su mujer

¿Cómo ha influido en tu vida el ser hijo del exilio, en tu forma de ser, de comportarte?

¿Tú forma de ser y de actuar en la vida crees que es diferente a la gente que está alrededor tuyo?

No lo sé, no me lo he planteado nunca, puede que sí puede que no. Hombre hay cosas que he cambiado, los años te enseñan a ser menos sectario, aquí hay muchos más grises que blancos y negros, relativizas más las cosas, pero entiendes que tienes que estar comprometido con tu sociedad, eso sí que lo aprendí de muy joven, el compromiso de mi abuelo con su pueblo, cuando el alcalde se larga y es él quien se queda a evitar que le peguen dos tiros al cura del pueblo porque es del pueblo. Viene la FAI y mi abuelo dice “pels meus collons que no ho toquin” , es decir el respeto a los demás. Yo creo que fue una herencia de la república: el respeto.

Después, aparte, mi abuelo cuando yo le hacía crítica, de que le decía que “se os fue un poco la mano en algunas cosas”, “claro, velasteis tantos curas”, y claro la respuesta de él era pragmática “pocs ens hem matat, si haguéssim acabat amb tots altre gall hauria cantat “.

Esa situación que yo la entiendo, de alguien que ha luchado por una república, que la ha perdido frente al fascismo, es tremendo. Mi abuelo organizaba de viejo el Comité de la Unidad Popular en Chile en la campaña de Salvador Allende, con los jubilados, se iba a la plaza y los organizaba, los acompañaba. Es decir tenías una cultura, que había que ser muy burro para no darte cuenta, no de dónde está la verdad, sino de dónde está la razón en todo caso, porque la verdad yo qué sé quién la tiene.

Placa conmemorativa

¿Por último qué piensas de la memoria histórica?

He acompañado a mi madre a Argelès, me costó mucho decidirme a llevarla por temor  a que le diera algo, ‘afortunadamente’ en Argelès salvo una placa no queda nada, aunque menos mal que hay una placa, porque los franceses no han hecho su asignatura de memoria histórica, ya no con nosotros, sino con ellos mismos, no lo han hecho, es uno de los pueblos que farda de muchas cosas pero que no ha hecho la memoria histórica. En la Vajol hay un monumento muy bonito a los exiliados, el museo del exilio en la Junquera, el museo a la emigración está en San Adrián, yo creo que esas cosas hay que verlas y que sería imperdonable que la gente honesta no luchará por eso.

Yo creo que la memoria histórica debiera formar, lo dije y se lo dije a Joan Saura cuando estaba en el secretariado de Iniciativa por Cataluña, le dije, “hay que ir mucho más acelerado y hay que recuperar lo que haga falta y al precio que haga falta, la gente tiene que recordar y tiene que saber qué ha pasado y por qué ha pasado y no para meter a nadie en la cárcel sino para que todo quede claro”. Que nos dejemos de hablar aquí de que ha habido víctimas de los dos bandos, hay unos que dieron un golpe de estado fascista y otros que defendían la legalidad democrática y eso tiene que quedar claro y si no se hace estamos jodidos.

Raymond creo que lo dice “Qui perd els orígens per identitat”, pero es verdad, es como si yo renunciara a ser hijo de mi madre, cómo voy a renunciar a la memoria si mi madre tuvo que irse de este país porque un fascista la echó de este país, los exiliados no nos hemos ido, nos han echado.

     
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